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miércoles, 17 de diciembre de 2008

Deleuze: un lenguaje para la vida

Pensando en salir del marco de la oposición darwinis-
mo-creacio-
nismo, se me ocurre que un buen referente para hablar de la vida es la filosofía de Deleuze. Inventor de conceptos nuevos, a través de la desterritorialización de términos utilizados por otros juegos de lenguaje y su inserción en nuevos discursos, Deleuze ha sabido construir un lenguaje para hablar del cambio y de la vida. Este lenguaje acepta su dinamismo y su estilo sin tener que dar explicaciones moleculares o mecanicistas y sin tener que recurrir a unidades racionales trascendentes al fluir mismo de la vida para explicar su logos, su lógica interna. Con su idea de las máquinas abstractas que conectan flujos correlativos y les otorga un plano de consistencia donde habitar en medio del caos del puro devenir, podríamos dar cuenta de la relación entre genómica y proteómica, es decir, entre dos movimientos de la vida, el de la información y sus mutaciones por un lado, y el de las proteínas y sus construcciones por otro. Y eso sin necesidad de hablar de un origen mítico de esos flujos, con la convicción de que la vida "siempre crece por el medio", y que sus cambios de configuración no pueden explicarse a través de una visión totalizadora de una Historia con mayúsculas. En vez de usar un lenguaje que "explique" el movimiento de la vida, reduciéndolo a un plano físico, químico, matemático o sociológico, se trata de encontrar un lenguaje que "vibre" al ritmo de esa vida, que se implique mutuamente con ella sin dejar de distinguirse de ella. Se trata de encontrar un lenguaje que no pretenda apresar la vida (pues eso haría de la vida una forma del lenguaje) ni de reflejarla (pues eso haría que la vida tuviera que presentar una estructura sintáctica como la del lenguaje que presuntamente la refleja).
Ilustración: el árbol (eterno en Platón, histórico en Darwin), versus el rizoma (eterno en Leibniz, histórico en Deleuze).
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

jueves, 8 de mayo de 2008

Transformación del Homo Technologicus, desde una perspectiva publicitaria.

La comunicación publicitaria se ubica hoy entre las ciencias sensoriales y de la percepción. Conceptos que dejan claro que es el aparato sensorio del hombre el que percibe diferentes estimulaciones desde diferentes soportes mediáticos que ingresan en su percepción, transmisión e integración de estímulos sensoriales, elaborados inicialmente como mensajes impactantes sobre productos, marcas y packaging.
La sola recepción de publicidad pude cambiar el estado de ánimo de los receptores, hacerlos pasar de una etapa de racionalización de ideas-símbolos recibidos, a una conceptualización de éstos, para finalmente caer en un estado racional de rechazo, o de emotivo de deseo y apetencia, al querer tener, ya, el objeto mercancía publicitado.
Este estado repetido de recibir estímulos sobre mercancías desde los medios, y advertir que los necesita y desea poseerlos, crea una movilización de conciencia y un continuo archivo de marcas en su mente, junto con el diseño de las mismas, figura, forma y colores, es decir isologotipos. Podemos destacar, a través de encuestas, que hay quienes recuerdan más de cien marcas seleccionadas como preferidas y muchas competitivas, y sus atributos, permaneciendo grabados a fuego en su memoria.
Esta base de datos personal, íntima, altamente significada, construida en base al proceso de percepción e integración de estímulos sensoriales desde la publicidad, le permite al destinatario clasificar los objetos-mercancías marcados por categorías de valor sígnico y monetario, asignándoles un índice de deseo y quizás una decisión en el tiempo, sobre la posibilidad de poseerlos.
Este proceso es posible porque el publicitario contemporáneo puede dar un paso más, al adoptar teorías sensoriales por sobre las teorías tradicionales de hacer publicidad solo audiovisual. Puede clasificar sensorialmente cada producto a publicitar y analizar los diferentes sistemas técnicos de comunicación y su complementariedad a través de la unión adecuada entre ellos, para elaborar creativamente y transmitir estratégicamente los mensajes multisensoriales.
La efectividad buscada por la publicidad implica el logro final de un fuerte anclaje del producto en la mente del destinatario, pasar de la memoria del corto plazo a la memoria del largo plazo. Sabemos que el mundo actual es un producto de la razón humana, y la comunicación publicitaria es la principal actora en la difusión sobre disponibilidades de nuevos productos, objetos y herramientas tecnológicas, exponiendo mensajes en los medios con un fuerte impulso, llegando a saturar a las audiencias.
Mi preocupación es el cambio de concientización del ser que recepcionaba desde su sistema perceptivo mensajes tibios, solo audiovisuales, a la comunicación o información publicitaria recibida desde mensajes polisensoriales, integración con alto impacto perceptivo, sin autocrítica de los publicitarios y los medios, demasiado frecuente a nivel de polución y saturación de sentidos, casi como una toxina mediática.
¿Este bombardeo diario de ideas creativas y seductoras sobre objetos, y el difundir ofertas sobre nuevos recursos tecnológicos, significará algo en la evolución del hombre y su descendencia? Esta dependencia informática con los medios, conformada por información repetitiva sobre productos, con memoria de cada impacto y su archivo sensorial en el cerebro ¿cambiará su esencia?
El hombre pasó desde una esquematización en el tiempo y el espacio, que fue evolucionando en cuanto a la recepción de mensajes desde el trazo en la arena, en tablas de arcilla, en las piedras, en las cavernas, en graffiti en las paredes, saltando a los medios tradicionales, los carteles, la gráfica, la radio, y hasta llegar a la televisión. ¿Este hombre es el mismo que hoy se desenvuelve en tres dimensiones, saltando de una a la otra; del mundo físico, al virtual y al imaginario altamente sensorio? Nuevos diseños, nuevos gustos, nuevos fragancias, nuevas texturas, nuevos sonidos, etc. se le imponen.
Este homo technologicus parece ser muy diferente al tradicional homo sapiens sapiens. Puede haber nacido en una probeta, se maneja con medios virtuales, con el idioma del hiper texto, encuentra su pareja en Internet, vive en casas inteligentes, se comunica a través de fibra óptica o satelital, se traslada a miles de kilómetros en horas, puede conducir un auto a energía solar, escucha el sonido de la estrellas, escapa a la gravedad, puede salir de la Tierra, alcanzar la Luna u otro planeta o una base espacial, visitarla, cambiarle una pieza y regresar, sintiendo en su cuerpo alteraciones por la ingravidez durante varios días. ¿Es el mismo que pintaba las cavernas o leía las tablas de arcilla mesopotámica, o construía las pirámides?
Este ser, este consumidor y usuario de productos tecnológicos diversos, ha adaptado su cuerpo a ellos, ha mudado de piel, recibe transplantes, se le injertan chips, ideas sobre la nueva naturaleza, marcapasos, que regulan su corazón, su forma de alimentarse, nuevas drogas para medicarse, para hacer sexo, son atravesados no solo por los neutrinos, sino por ondas eléctro-magnéticas, por microondas, y procura ser feliz. ¿Qué ocurre con su cerebro, hay una superioridad cognoscitiva, hay transformación antropológica? ¿El logos tradicional del hombre ha evolucionado?
Riccardo Campa nos dice: "La transformación antropológica se realizaría por transplante de ideas como sucede por los transplantes de órganos haciendo vana la identidad individual e intentando vencer las asperezas del tiempo (…)".
¿Puede la comunicación publicitaria, desde el implante de sus pulsiones imaginarias, fantásticas, transplantar idea pegadas al deseo y apetencia de objetos, cambiar las expectativas del hombre?
Basta observar hoy a los niños de 6 a 7 años, cómo han evolucionado en el uso de recursos; Adictos a “mamá televisión” que los educa sin exigirles nada, se comunican con el celular, manejan la computadora con gran destreza, identifican íconos de los programas aún sin saber leer, usan los CD que reconocen por la ilustración o formato de texto, identifican y memorizan las pistas que les interesan, usan el DVD, seleccionan su contenido, tienen su WebBlog tales que, si bien las administran sus padres, ellos son los que crean los contenidos, los dibujos que van a subir y el texto para comunicarse con sus amiguitos, que a su vez saben cómo encontrar el Blog en la maraña de Internet.
Las mentes nóveles de estos jóvenes homo technologicus, han cambiado respecto de las de sus predecesores. Hay un nuevo orden técnico, una nueva alteridad dentro de la nueva naturleza artificializada que habitan, su cuerpo se ha adaptado al uso y atributos de la profusa mercancía técnica disponible en el mercado global.
¿Es posible que a partir de la difusión y el uso de las técnicas actuales se haya desarrollado una nueva unidad evolutiva, el homo technologicus?
Copyright Norberto Álvarez Debans. Derechos reservados.

miércoles, 9 de abril de 2008

Cuestión de estilos

Permítaseme ahora a mí una pequeña disquisición acerca de los “estilos moleculares” que pone en práctica la vida. Para empezar, lo invito, estimado lector, a imaginar alguna insólita actividad biológica o alguna extraña proeza metabólica. No es demasiado arriesgado asegurar que seguramente existe, conocida o no, alguna especie o cepa de bacteria capaz de llevarla a cabo.
Las bacterias- pequeñas células sin núcleo, por lo que se las denomina procariontes- pueden huir de una fuente de sustancia tóxica siguiendo la dirección en que la concentración de la sustancia va disminuyendo. Pueden orientarse siguiendo los campos magnéticos terrestres gracias a la acumulación de magnetita. Pueden utilizar compuestos orgánicos usualmente tóxicos para los seres vivos, como los fenoles y hasta los antibióticos como fuentes de carbono y de energía. Pueden incorporar y hasta dar uso a un ADN proveniente de otro microorganismo ya muerto. Las bacterias pueden modificar las proteínas de su superficie con el fin de confundir al sistema inmune de un hospedador infectado muchísimo más grande que ella y producir una infinidad de armas biológicas certeras contra él. Pueden nutrirse de la dieta más magra del mundo: extraer energía de una sal inorgánica reducida y carbono del aire. Pueden vivir soportando altísimas temperaturas o permanecer latentes durante muchos años en la sequía y escasez de recursos más completa. ¡Qué no pueden entonces hacer las bacterias!
¿Le parece a usted esto acaso una apología del mundo microbiano? Lo es si consideramos al pragmatismo y a la economía de medios como atributos del estilo más deseable para llevar a cabo un objetivo.
Pero lo cierto es que no hay lugar para el lujo, ni para el derroche de energía, ni para el despliegue de posibilidades en el siempre ajustado ambiente microbiano. De seguro no encontraremos allí los excesos del estilo que profesan las células nucleadas (eucariontes), que son las que conforman los seres multicelulares como nosotros. No encontraremos la posibilidad de crear múltiples versiones de una enzima que apenas difieran en pequeños detalles referidos a las condiciones de su acción catalítica. Tampoco hallaremos ampulosos mecanismos que requieran la producción y acción de decenas y decenas de moléculas para lograr la regulación exquisitamente controlada de la producción de una sola proteína.
En torno a este tema se me ocurre la siguiente reflexión. El estilo de vida que llevamos los seres humanos actualmente en nuestras sociedades, que nos lleva a valorar la ruta más rápida y directa para llegar a cumplir objetivos prácticos y concretos y a menospreciar las inversiones de tiempo y esfuerzo en afanes artísticos o no remunerativos, nos inclina a admirar más el “estilo molecular microbiano” que el que siguen muestras propias células en cada tarea. ¿Curioso, no?
Copyright Mirta E. Grimaldi. Derechos reservados.