A veces lo que hace famoso al científico es ir contra corriente. Otras veces, ir contra corriente lo hunde en el río del olvido. A veces se trata de conseguir una beca del CONICET gracias a un "padrino" que ya está adentro, o bien ir a hacer cualquier curso en el extranjero que pague de su propio bolsillo. En la ciencia es tan cierto, como en otras áreas de la vida, que nadie es profeta en su tierra.
Nunca será famoso un biólogo tibio. Tiene que ser extremista, adoptar una postura filosófica y defenderla como si él fuera sólo su profeta. Viva Darwin, muera Darwin. Dos posturas. Así todo se hace menos equitativo pero más simple. No se puede ser espectador. Sin embargo, Husserl hizo del ser espectador la base de su filosofía. Para él contaba la actitud, natural o fenomenológica, y no tanto los juicios que hacemos parados sobre ella, contemplando.
Yo tengo un doctorado en la UBA, soy profesor universitario, pero no he publicado en revistas extranjeras con referato, no he hecho artículos eruditos llenos de citas a pié de página, no tengo alguien que me apadrine, no pertenezco al CONICET. Creo tener cosas interesantes para decir, pero ¿quién me va a escuchar? El blog es el último refugio para dar a conocer lo que pienso. Quien quiera oir que oiga.
Un periodista científico bastante conocido se interesó por este blog. Quedó en reunirse conmigo para hablar del tema. Pero nunca más contestó a mis e-mails.
Nuestro editor nos dice que los "media" ya no son como antes. Sólo publicitan los libros que ellos mismos imprimen en editoriales que han comprado y monopolizado. Y entonces comprendo. Comprendo que hay un monopolio de la cultura, y que los que no estamos en él no tenemos esperanzas de flotar ni siquiera nadando contra corriente.
La ciencia de hoy que no tiene uso industrial, igual que la literatura, se ha convertido en periodismo y política.
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