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viernes, 25 de abril de 2008

Errores de la bioética

Las discusiones en torno al momento en que el feto en formación es un ser humano con derechos están destinadas de entrada al fracaso. El motivo es claro: todo depende de lo que se entiende por "ser humano con derechos". Sin embargo, en el plano jurídico la cuestión se plantea siempre en términos ontológicos, como lo hacía Aristóteles: es el objeto, la cosa misma, el que por sus carácterísticas es o no portador de derechos "naturales".
Todos somos posmodernos y relativistas hasta que nos enfrentamos con temas éticos cruciales como el aborto o la pena de muerte. En estos casos nos volvemos absolutistas y objetivistas y planteamos que alguien tiene que tener una opinión que es la verdad, y que la verdad es, como pensaba Aristóteles, "decir las cosas como las cosas son".
Cuando cursaba la carrera del Profesorado Universitario, se planteó este tema en la materia "Ética e identidad profesional": ¿Emana el derecho del objeto mismo? Pero ocurre que el objeto no existe sin el sujeto que lo hace su objeto. Plantear la cuestión en términos objetivistas puros es dejar de lado miles de años de desarrollo de la Filosofía.
Cuando dije en clase: "¿Qué pasaría si el derecho no emanara de la naturaleza del objeto?", la respuesta fue: "Estaríamos perdidos".
¿Qué nos puede decir la Biología sobre cuándo empieza la vida del ser humano? Nada relevante para el caso. Hasta el óvulo no fecundado, hasta el espermatozoide que perdió su camino, son seres vivientes, hasta que se mueren. ¿Qué se plantea en la pregunta, entonces? Lo que se plantea es: ¿cuándo comienza a ser humano el feto? Y la respuesta es: desde el principio es un ser humano, si su humanidad está en los genes. Pero ¿eso concluye algo sobre los derechos?
Miles de espermatozoides y óvulos se mueren sin fecundación. Muchos óvulos fecundados mueren por inviabilidad de su desarrollo. Digamos entonces que, cuando es viable su desarrollo, son sujetos de derecho. Pero ¿cómo predecir el futuro? ¿cómo saber su viabilidad? Lo más que podemos hacer es no interferir con su viabilidad, aunque al final todo fracase.
Creo que el problema está mal planteado desde el principio, y lo está porque la legislación no ha cambiado sus fundamentos filosóficos, que están en el Derecho Romano, que es parte del realismo del pensamiento antiguo, un pensamiento realista que debe mucho al estoicismo. Y el estoicismo es tan objetivista en valores como el aristotelismo que sirve de fundamento a los argumentos antiabortistas de origen cristiano.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.