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martes, 24 de junio de 2008

Las drogas de abuso: ¿forman un grupo homogéneo de sustancias desde el punto de vista de la neurobiología molecular?

Las drogas de abuso, esas que producen severa adicción y se trafican ilegalmente, como la cocaína, la marihuana y las anfetaminas, posiblemente constituyan para usted, lector, si no es entendido en el tema, un grupo homogéneo de sustancias. Al fin y al cabo, los medios periodísticos y la sociedad en general las encasilla a todas como "drogas peligrosas con acción psicotrópica". Pero, ¿es esto realmente así? Me temo que no.
Cierto que tanto la cocaína como las anfetaminas inhibirían un transportador que normalmente recapta dopamina (un neurotransmisor de efecto excitador), haciendo que su concentración baje bruscamente en el espacio sináptico y cortando la transmisión nerviosa. Cuando actúan estos estimulantes, la señal nerviosa se prolonga en el tiempo, causando el conocido efecto excitador. Por lo tanto, estas dos drogas sí son bastante homólogas en sus efectos neurológicos, si bien las anfetaminas también inhiben el transportador recaptador de noradrenalina.
Sin embargo, tenemos la marihuana, que posee un mecanismo de acción completamente distinto, ya que, al parecerse a un tipo natural (aunque no convencional) de neurotransmisores, que son los endocannabinoides, interactúa con el receptor correspondiente, interfiriendo en su accionar normal en distintos puntos del encéfalo que tienen que ver con la percepción, con el control psicomotor, con la memoria y con el apetito.
Es más: estimulantes de uso antiguo como el Betel y la muscarina (del hongo Amanita muscaria) son antagonistas (bloqueadores) o agonistas (estimuladores) de distintos tipos de receptores de otro neurotransmisor fundamental: la acetilcolina. El opio, una droga usada como analgésico desde el Renacimiento, está constituido por péptidos opioides sintéticos, que son moléculas señal nerviosas naturales (remito al lector que no lo ha leído, a mi artículo sobre neuropéptidos).
Y en esta "mezcolanza" de sustancias corresponde incluir muchas que no solemos tratar junto con todas estas "drogas de abuso". Me refiero a un grupo muy heterogéneo. En él figuran la nicotina, alcaloide de origen vegetal cuyo efecto está mediado por la unión a un receptor de acetilcolina (apropiadamente llamado "receptor nicotínico"). Y también venenos como el curare y los organofosforados. Eso sin olvidar a drogas terapéuticas útiles, tales como la atropina (usada para dilatar la pupila) y la escopolamina. Todas ellas son interfirientes en la vía de acción de la acetilcolina.
También hay que mencionar drogas utilizadas por la psiquiatría, como las benzodiacepinas, que se unen a receptores de neurotransmisor GABA, logrando un efecto ansiolítico; o los antipsicóticos como el haloperidol, que bloquea receptores de dopamina; o los barbitúricos, que se utilizan como anestésicos debido a su efecto hipnótico, también mediado por receptores de GABA.
En resumen, ser adictivas e ilegales es un criterio útil para agrupar sustancias psicoactivas desde el punto de vista de la sociología, pero no desde el de la neurobiología molecular, perspectiva ésta última desde la cual todo lo que el imaginario social distingue parece mezclarse, como dice el tango Cambalache: "la Biblia junto al calefón".
Copyright Mirta E. Grimaldi. Derechos reservados

martes, 10 de junio de 2008

Neuropéptidos complicando el mundo de las neurociencias

Los neuropépti-
dos son un nuevo, sutil y extraño elemento que no hace mucho se ha sumado al intrincado mundo de los neurotrasmisores y sus receptores. Cada día se descubren más en diferentes localizaciones en el organismo. Parecen ser ubicuos y multifuncionales.
Algunos de ellos, como la vasopresina liberada por la hipófisis (de función vasoconstrictora) y el TRH liberado por el hipotálamo (que ejerce su efecto activando la glándula tiroides), se conocen desde hace mucho tiempo y eran considerados como simples hormonas. Desde que el panorama de los péptidos neuroactivos ha venido complicándose, hay una tendencia a empezar a tratarlos como un grupo separado de moléculas señal, validadas por su propia importancia fisiológica.
A pesar de su naturaleza proteica no llegan a tener estructura compleja porque son "simples" péptidos muy cortos (cadenas de no más de unos 30 aminoácidos) que, sin embargo, llevan a cabo funciones delicadas. Tienden a modular respuestas lentas de las neuronas postsinápticas a algunos de los neurotransmisores liberados por las neuronas presinápticas. Los péptidos encontrados en encéfalo e intestino, regulan, entre otras cosas, respuestas tan sutiles como el hambre y la saciedad. Los péptidos opioides (que, curiosamente, actúan naturalmente sobre los mismos receptores sobre los que lo hacía la antigua droga adictiva opio) son analgésicos naturales y participan de la atracción sexual y de conductas de agresión o de sumisión.
Los neuropéptidos pueden incluso interactuar entre ellos. En la médula espinal se producen péptidos opioides que estimulan liberación de péptido P (del grupo de los de encéfalo/intestino), que tiene como función suprimir el dolor.
Su modo de sintesis es también especial. El proceso parte de moléculas peptídicas mucho más largas que se van clivando en segmentos más cortos por acción de enzimas proteolíticas específicas y se van modificando químicamente por otra enzimas en el seno del sistema de endomembranas celular, hasta que son secretados como péptidos activos. Uno de esos precursores gigantes lleva el rimbombante nombre de preproopiomelanocortina y da lugar a cuatro fragmentos activos finales que son algunas de las muy nombradas endorfinas, mediadoras del bienestar (que son, sin ir más lejos, péptidos opioides) pero también la importante hormona adrenocorticotrófica (ACTH), que actúa activando la glándula suprarrenal para que produzca corticoides. Nótese que de un mismo precursor surgen moléculas con funciones radicalmente diferentes.
Es evidente que ya no podremos más separar el sistema endócrino del nervioso (ni del inmune, pero ese ya es otro tema).
¿Le parece complicado, estimado lector? No tanto como podría llegar a ser en un futuro cercano...
Figura: preproopiomelanocortina y los neuropéptidos a que da lugar.
Copyright Mirta E. Grimaldi. Derechos reservados.