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martes, 27 de mayo de 2008

¿Por qué la filosofía de la biología molecular no es todavía una rama establecida de la filosofía?

Con nuestro libro El logos de la vida y con nuestro blog estamos en el afán de profundizar dentro de una novedosa y poco explorada rama de lo que el filósofo epistemólogo argentino Mario Bunge denominó "biofilosofía": la "biofilosofía molecular".
Con nuestro arribo a Internet hemos escudriñado la Web en busca de contenidos similares a los que desarrollamos nosotros aquí. En algunos sitios hallamos textos que analizan temas de algunas áreas biológicas, en especial de evolución y biotecnología, textos abordados desde puntos de vista mayormente teológico y ético, respectivamente. Ha sido tan pobre el resultado de esta búsqueda cuando la restringimos al ámbito molecular, que comenzó a intrigarnos por qué una disciplina científica enormemente exitosa no mereció casi ningún tratamiento filosófico aún.
Entonces, surgió la duda, la pregunta obvia: ¿por qué la filosofía de la biología molecular no se ha establecido, como la sí lo ha hecho la disciplina experimental?
Esta duda me condujo hace un tiempo a instaurar la primera encuesta de este blog, y si bien muy pocos lectores la han respondido, esas pocas respuestas coinciden en la sorprendente opinión popular de que la Biología Molecular es demasiado reciente para que se la pueda analizar filosóficamente. Digo sorprendente porque lo cierto es que la biología molecular está sólidamente establecida no sólo por sus cruciales progresos sino también por su antigüedad. No es una disciplina nueva, sino que hace más de sesenta años que viene construyendo un sólido cuerpo de conocimientos. No olvidemos que las primeras estructuras proteicas fueron dilucidadas en los años cuarenta y la del ADN en los años cincuenta del siglo XX.
Podría suponerse entonces sencillamente que al público en general, e incluso a los investigadores moleculares, no les preocupa reflexionar sobre los resultados experimentales que se obtienen (o sobre su interpretación) mientras éstos avances deriven en aplicaciones prácticas más o menos directas. Confieso que éste ha sido mi punto de vista durante mucho tiempo, antes de descubrir lo provechosa que puede ser la biofilosofía molecular para lograr un equilibrio, una sensatez en la interpretación de los saberes que nos pone a disposición la biología molecular.
No voy a presumir que tengo la respuesta definitiva para la pregunta que planteo en el título de este comentario: ¿Puede ser -insisto- un bajo nivel de interés de las ciencias biológicas en la reflexión filosófica? ¿O acaso una estimación -dentro de la filosofía- de que la biología molecular no provee material de reflexión relevante?.
Quizas lo más criterioso sería pensar que la causa está en la carencia de filósofos formados en lo molecular y de biólogos con inquietudes filosóficas.
Lo invito, lector, a opinar, o al menos a responder la encuesta.
No obstante, me reconforta saber que algunos de los lectores de este blog - los que se han molestado en responder ya la encuesta- no desprecian el valor de cultivar el pensamiento y la reflexión en este campo.
Copyright Mirta E. Grimaldi. Derechos reservados.

domingo, 16 de marzo de 2008

¿Es la vida algo más que una química compleja?

El reduccionismo es una concepción muy antigua. Antes de preguntarse por el origen de las especies, los materialistas como Demócrito se habían planteado la inexistencia de una divisoria entre distintos entes en la naturaleza. "Todo es átomos y vacío", decían los materialistas antiguos. Todavía Descartes, excepción hecha de su propia conciencia, seguía trabajando con este concepto. Él pensaba que todos los procesos podían explicarse como resultado de movimientos en torbellino en una materia homogénea que identificaba con el espacio mismo. Newton y Leibniz, en cambio, se vieron obligados a introducir la idea de algo inmaterial, a veces capaz de actuar a distancia, aunque siguiendo pautas totalmente regulares, no caprichosas, cuyo funcionamiento podía expresarse con exactitud mediante fórmulas matemáticas: la fuerza. A partir de ese momento, el materialismo tuvo que resignarse a aceptar que "todo es átomos, vacío, y fuerzas". Newton estudió la fuerza de gravedad, pero fue incapaz de hacer avanzar la química en un sentido similar, más allá de que se afanaba por hacer experimentos de alquimia. Cuando Lavoisier sentó las bases de la química moderna, la manera de entender los enlaces entre los átomos, recientemente redescubiertos, era hablar en términos de "afinidades", es decir, de fuerzas. A principios del siglo XX, cuando surge la embriología experimental, aparece el planteo acerca de la posibilidad o imposibilidad de reducir la vida a una serie de fenómenos químicos. Pero los seres vivientes parecían hacer cosas inexplicables en estos términos. Si se dividía un embrión recién fecundado, surgían dos organismos bien formados. Eso llevó a pensar en la existencia de una finalidad en los procesos vivientes que debía manifestarse físicamente a través de la acción de fuerzas de un nuevo tipo, nunca antes descubiertas (aunque postuladas por la filosofía a un nivel puramente especulativo): las fuerzas formativas. La intención de los embriólogos era la delimitación de un campo específico para la Biología, saber qué tiene un ser viviente que no tenga un cristal, o algún otro ente o proceso natural que pudiera explicarse en términos de las fuerzas químicas de afinidad, que la física había identificado ya con las fuerzas electromagnéticas. Después del surgimiento de la genética y de la bioquímica, ya no se ha vuelto a hablar de fuerzas formativas. Ese concepto se considera metafísico y superado. La biología molecular nos ha demostrado que podemos entender el funcionamiento de los seres vivientes sin recurrir más que a fuerzas físicas y químicas. A lo sumo habla de "cualidades emergentes" que surgen de la "extremada complejidad" de los procesos químicos que tienen lugar en el interior de los organismos vivientes. ¿Significa eso que la vida es solamente una química compleja? La respuesta, creo yo, es simple: , lo es, mientras no consideremos lo que la vida tiene de específicamente viviente. Quiero decir: todo es física, desde la perspectiva del físico. Todo es química, dirá el químico. Pero, cuidado: todo es psicología, nos dirá el psicólogo, para quien el resto de las ciencias son aparatos simbólicos que nos sirven para sublimar y evitar así la angustia que surge de la repetición. Así que, más prudencia a la hora de decir "todo es". También el filósofo tiene su "todo es", cada uno el suyo propio. El del fenomenólogo nos dice: todo es el correlato de las acciones de nuestra propia subjetividad.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Nuestra propuesta

Pretendemos dilucidar la lógica que subyace a los complejos mecanismos moleculares, que son los verdaderos arquitectos encargados de crear a los seres vivientes y de regular su funcionamiento.
Abordamos los distintos campos de estudio de la biología, incluyendo la fisiología, la ecología, la teoría de la evolución y las hipótesis acerca del origen de la vida, pero siempre desde la perspectiva de la biología molecular, que es la parte de esta disciplina que se ha desarrollado más vertiginosamente en los últimos tiempos.
Lejos de asumir partidismos que sólo contribuirían a aumentar la confusión reinante entre cuestiones políticas, religiosas y filosóficas, nos proponemos asumir una distancia que nos permita reflexionar sobre los aspectos paradigmáticos involucrados en los actuales debates en torno a la evolución, el diseño inteligente y el orden gratuito en sistemas que se encuentran en el límite del caos, del cual han participado Gould, Kauffman, Goodwin, Margulis, Lovelock, Behe, y muchos otros.
Proponemos una perspectiva no reduccionista que rescate la complejidad de la vida sin caer en la falacia del “análisis mal planteado”, falacia que pretende que dividir un sistema en sus componentes es lo mismo que ir a los fundamentos y que realizar un viaje en el tiempo hacia los orígenes del sistema analizado.
La vida, creemos nosotros, es un acontecimiento cuyo ser está oculto, y la biología es la construcción de un discurso interminable que intenta apresar ese ser real que no puede ser convertido en lenguaje. Intentamos pensar el movimiento que se construye entre ese ser sustraído y el discurso que trata de iluminarlo.
Copyright Daniel Omar Stchigel y Mirta Elena Grimaldi. Derechos reservados.