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sábado, 21 de febrero de 2009

Asociaciones entre especies: ¿inevitables y beneficiosas?

No deja de tener un vis artístico creativo eso de imaginarse que las especies nuevas surgen de asociaciones provechosas entre especies preexistentes, asociaciones que ocurrirían porque una fuerza arrolladora de lo vivo no puede evitar amasar la argamasa de lo conocido para crear criaturas nuevas.
Pero lamentablemente, mal que le pese a Lynn Margulis y a muchos biólogos creativos que se alinean gustosos a la artística idea, la enorme mayoría de las asociaciones no son hereditarias. Esto anula toda influencia que se prolongue a lo largo de las generaciones.
En segundo lugar, el tipo de asociación entre diferentes especies que es más frecuente en la naturaleza es el parasitismo, asociación que, refiriéndonos a nuestra especie, incluye las patologías humanas infecciosas. Es decir, si la valoramos (como gusta hacer dicha investigadora) deberíamos calificarla de "mala", al menos para uno de los participantes, el organismo invadido. Y para los dos, si la situación termina en la muerte. Esta evidencia atenta contra otorgarle valor a la asociación como posible factor evolutivo, al menos en casos así, siempre que entendamos la evolución dada por la creación de algo nuevo por asociación de dos entidades preexistentes como un paso siempre adelante.
En tercer lugar, el origen de lo nuevo por asociación de lo viejo "a la Margulis" debería conllevar una fatalidad, una tendencia incontenible de las especies a asociarse. ¿Por qué entonces tantas especies no se asocian con ninguna otra? ¿Por qué entonces existen asociaciones - pienso en infecciones micóticas profundas en seres humanos, por ejemplo, como la neumonía por el hongo Pneumocystis carinii- que sólo se dan en ciertas condiciones muy particulares que sólo cumple una minoría de ejemplares de una de las especies participantes (en situaciones de inmunidad muy comprometida del hospedador en el ejemplo que cité)?. ¿Se creará a partir de esa minoría infectada una nueva especie que reemplazará al resto?
¿Por qué será que unas pocas asociaciones -como las polémicas amebas que alojarían bacterias- tienen "intención" evolutiva, por lo cual son permanentes, generalizadas, heredables, y todas las demás, es decir la enorme mayoría, no? ¿Eh? ¿Por qué?
Copyright Mirta E. Grimaldi. Derechos reservados.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Fortalezas y debilidades del discurso de Sheldrake

El texto de Sheldrake que comentábamos en otro artículo tiene sus fortalezas. Ayuda a darle un lugar a ciertos fenómenos que habitualmente quedan en el transfondo de las explicaciones mecanicistas en Biología. Por ejemplo, el comportamiento en masa de los cardúmenes de peces, la existencia de colonias tipo Nanonia con división funcional entre individuos de una misma especie, como si fueran órganos que integran organismos superiores, el comportamiento social de abejas y termitas, etc. Son todos casos en los que el concepto de "individuo" trasciende los límites de un cuerpo material y se distribuyen por el espacio, un espacio conformado por un campo de fuerzas que tiende a estabilizarse (a "enfriarse", como dicen los teóricos de la complejidad) con el paso del tiempo. También la forma en que los viejos records deportivos son superados por los nuevos como si cada generación se parara a hombros de la anterior parece coincidir con la idea de un comportamiento que se agiliza y refuerza por conexión con su propio pasado supraindividual.
Que esos fenómenos pasen a ser centrales muestra que la idea de campo mórfico y la de resonancia mórfica funciona como un nuevo paradigma en el sentido de Kuhn, es decir, como un cambio de perspectiva que vueve a dibujar los contornos de lo "interesante", destacando elementos del transfonde de nuestra experiencia y a la vez desdibujando otros antes considerados prioritarios.
¿Qué es lo que le falta a la "teoría" de Sheldrake? En primer lugar, le falta un aparato matemático o topológico que permita dar cuenta de la superposición de estados por resonancia mórfica. Shledrake habla de media estadística, adoptando una cierta versión del enfoque cuántico, pero no nos da las funciones de onda para los estados que describe. Eso no significa que tal cosa sea imposible. De hecho, modelos ontogenéticos de Goodwin podrían entrar en esta categoría.
Por otra parte, tiene una carencia mayor que apunta más bien a cuestiones filosóficas. En la teoría de Sheldrake existe una explicación (sea o no satisfactoria para la perspectiva biológica actual) para la conservación y propagación de ciertos estados o modos de comportamiento de los sistemas biológicos de distintos niveles, pero no hay una explicación de las diferencias entre los estados. Es lo mismo que ocurre con la idea de Selección Natural de Darwin. Ella nos dice cómo se canalizan y estabilizan las poblaciones, pero debe atribuir al azar de las pequeñas variaciones (o a las mutaciones) el origen de las diferencias que son seleccionadas (por más pequeñas que sean esas diferencias, al punto de atribuirse exclusivamente a un proceso de deriva en todas direcciones, sobre la base de la Campana de Gauss).
Como decía Platón, el mundo fue creado con partes iguales de lo Mismo y de lo Diferente. Sheldrake explica cómo se estabilia y propaga lo Mismo, pero no cómo surge lo Diferente. Considero que la única manera aceptable desde el punto de vista de las leyes conservativas para explicar esto es aceptar que siempre existió lo Diferente, quizás en la forma de una superposición de estados cuánticos que se van diferenciando y desplegando históricamente.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Sobre vestigios y "peor es nada"

Veía a mi hijo de tres meses chuparse el dedo, y pensé que la Teoría de la Evolución de Darwin podría explicar ese acto como "vestigio" de algún mecanismo de autoalimentación que se ha perdido.
La idea de los órganos vestigiales, usada como prueba del evolucionismo, hizo que la escuela médica positivista hiciera de un modo salvaje extracciones de amígdalas y de apéndices como si se tratara de órganos inservibles. Ahora ha cambiado la opinión sobre el tema, y sólo las muelas de juicio parecen un problema para quien niegue la teoría de los vestigios.
Lo contrario del vestigio es el órgano en formación. Se supone que, o bien tiene al principio otro uso que el definitivo, o que funciona mal, pero es mejor mal que nada. Esta es toda una filosofía, contraria al espíritu de los griegos, quienes consideraban parte de la educación el enseñar a ser el mejor ("aristos", de donde viene el término "aristocracia", es decir, el gobierno de los mejores). Es difícil probar, sin embargo, que existan órganos que funcionen a medias, salvo en casos disfuncionales, es decir, en casos de enfermedad, cuando es verdad que el que posee tal órgano puede vivir, pero con una espectativa menor. Un órgano en formación lo es en relación con un órgano terminado, con lo cual nunca puede saberse si algo es un órgano en formación hasta que el órgano en cuestión termine su formación (cuando ya es tarde para hacer predicciones sobre su futuro desarrollo).
Los neodarwinistas aplican el mismo criterio a un nivel metacientífico (o epistemológico): mejor que no tener ninguna explicación es tener una cualquiera, algo que dicen de su propia teoría de la evolución.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Limitaciones estructurales de la variabilidad de la vida

Hace poco aparecieron unos DVD con películas de Discovery Channel -con el título Futuro Salvaje- dedicadas a especular sobre las formas de vida que sustituirán a las existentes dentro de millones de años (incluyendo calamares voladores que se comunican con lenguaje de señas luminosas, o totugas gigantescas de cuellos alargados similares a dinosaurios).
No cabe duda de que la teoría de la evolución es capaz de alimentar a la ciencia ficción, pero hasta ahora sólo se había hecho eso en dirección a pensar en un supervertebrado como evolución futura de la especie humana. Nadie hubiera especulado, antes de la Segunda Guerra Mundial, con la posibilidad de que, fuera de la especie humana, otros órdenes de seres vivientes pudieran ocupar su lugar supuestamente hegemónico en la Naturaleza.
Basada en la idea de constricciones ontogenéticas de Gould, esta serie de películas especula con posibles desarrollos, por adición terminal, a partir de formas de vida marginales, una vez que las formas dominantes se hayan extinguido.
Quisiera mencionar, por otra parte, el hecho de que ver a los genes como planes estructurales de carácter puramente informacional ha contribuido a la idea de que, sea por pequeñas variaciones, sea por saltaciones que continúen a grandes extinciones, la vida es capaz de generar cualquier cosa. Ocurre que las informaciones genéticas, se piensa, pueden ser reescritas al azar de maneras infinitas. Pero esto no es correcto, y que no lo sea ya era claro para Nietzsche, cerca de finales del siglo XIX. Sí, Nietzsche, un vitalista partidario de la idea de evolución, profeta de la llegada de lo sobrehumano (como sobresimiesco es el ser del hombre).
Nietzsche sabía que la energía total del universo se conserva. Que por eso mismo no puede ser infinita (si lo fuera, como infinito más cualquier cifra da infinito, se conservaría la energía aunque surgiera energía de la nada, lo cual es contradictorio). Influido por la lectura de Boscovich, sabía que esa energía viene en paquetes mínimos que se combinan entre sí en un número limitado de formas posibles. Dado que los seres vivientes sólo constituyen una porción de esas posibilidades, las variaciones de la vida son más limitadas aún que las meramente físico-químicas. Eso le hizo sostener que la idea de progreso en la evolución era un antropomorfismo insostenible, y que si el universo existiera en un tiempo infinito, por más grande que fuera la cifra de combinaciones posibles entre los cuantos de energía, todo lo posible ya ha pasado, y eso infinitas veces.
Los físicos no creen que el tiempo sea infinito, pero eso no quita el hecho de que es un resultado de la lógica más pura el que hay un número muy grande pero necesariamente limitado de formas de vida posibles. ¿No son esas posibilidades las que deberían estudiarse en biología, sin importar tanto cuándo vienen unas y cuándo surgen las otras, y cuáles proceden de cuáles otras?
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

lunes, 7 de julio de 2008

Cuando todo encaja demasiado bien en la teoría de la evolución

El libro de Capra La trama de la vida resulta un interesante resumen de las últimas tendencias en Biología Teórica. Como indica Mirta en uno de sus artículos, logra incluso llenar algunos huecos que todavía estaban presentes en el libro Microcosmos, de Sagan y Margulis, suponiendo la aparición espontánea, en el momento justo, de cadenas metabólicas adecuadas para que la vida se pudiera sostener en la Tierra.
Mirta critica este procedimiento de "retrodicción" (es decir, de predicción hacia atrás) por la escasa verosimilitud de que hayan surgido tales soluciones por mutación al azar y selección natural. Pero no es que la retrodicción sea un procedimiento ilegítimo. Incluso podemos sostener que, en este caso, se hace lo posible por reconstruir hacia atrás sobre la base de puras leyes químicas y físicas. Lo que resulta imposible explicar sólo en base a tales leyes es el Kairós, es decir, el tiempo oportuno en que las cosas ocurrieron.
Ese Kairós podría atribuirse al puro azar. Quizás hasta la posibilidad de que las "invenciones" correspondientes no se dieron en Marte explique por qué allí no hay vida y demuestre que sólo en contadas ocasiones las mutaciones adecuadas surgen en las situaciones de estrés logrando evitar una extinción masiva de los seres vivientes. Lo que no es verosímil, en cambio, es que el azar genere Kairós más de una o dos veces en la historia de un planeta, y lo cierto es que en el nuestro la vida ha "renacido" muchas más veces de lo que sería esperable.
Marte parece haberse detenido en alguna fase bacteriana. Pero la Tierra llegó hasta el nivel de la conciencia. ¿Cómo pudieron darse las invenciones adecuadas en los momentos oportunos? ¿Por qué no ocurrió lo mismo en Marte? No lo sabemos, y quizás no lo sepamos nunca.
Los paleontólogos reconstruyen la vida cotidiana de un grupo de dinosaurios a partir de sus restos fósiles. Se basan en analogías con la vida actual, modos de andar, vida familiar, necesidad de alimento. Hasta hacen modelos por computadora de modos verosímiles de correr, según condiciones físicas de estabilidad. Reconstruyen los músculos y la piel que debieron cubrir los huesos mediante técnicas forenses, basados en leyes fisiológicas que se aplican al funcionamiento de los tejidos en lagartos, en aves y en mamíferos. Pero no pueden dar cuenta de cómo surgió cada una de esas especies cuyo comportamiento describen. Cuando toman distintos animales que habitaron el mismo suelo y que tienen ciertos parecidos buscan las tranformaciones fisiológicas que pudieron llevar de unos a otros. Pero los programas de computadora que utilizan permitirían poner formas intermedias entre especies sin ningún parentesco real, porque nos dicen qué camino recorrer para llegar de un punto al otro, pero eso no prueba que la vida haya recorrido exactamente ese camino, ni si ese camino era lineal, o más bien sinuoso y a saltos.
La reconstrucción de la historia de la vida de Capra hace lo mismo. Nos dice "si queremos llegar de acá a este otro lugar, debió pasar en el medio tal o cual cosa". El modelo cierra bien, pero no deja de ser una especulación acerca de un mínimo indispensable. En última instancia, no escapa a la teleología del modelo antrópico: esto debió haber pasado, simplemente porque, de lo contrario, no estaríamos donde estamos. Eso, claro, no explica por qué estamos donde estamos.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

martes, 1 de abril de 2008

Estilos de pensamiento

Cada filosofía tiene un estilo diferente. Contando con los mismos datos, es posible enmarcarlos en las estructuras de pensamiento más sencillas o más extravagantes. Pero, más allá de las diferencias individuales, podríamos clasificar todas las formas de pensamiento en dos grandes modos: el argumentativo y el oracular.
El primero consiste en lo que Hegel llamaba "el arduo trabajo del entendimiento". Avanza paso por paso, todo lo divide en partes pequeñas, y luego las ensambla, bajo reglas estrictas. Tiene siempre un método, nos dice dónde ubicarnos para ver lo que su discurso describe. A menudo es aburrido seguirlo.
El segundo modo es el de quien habla un lenguaje que surge perfecto y total desde el principio, ilumina todo de un sólo golpe y deja a quienes leen o escuchan con la boca abierta, preguntándose ¿cómo lo hace? ¿Cómo no se me ocurrió a mí antes?
En Biología, extrañamente, sucede lo mismo. La Biología Molecular rastrea paso por paso los procesos que llevan a la formación y destrucción de las distintas biomoléculas en el interior de la célula. Cada día aporta descubrimientos nuevos. Nos habla de las estrictas leyes físicas y químicas por las que se rige el movimiento de la materia y la circulación de la energía en los organismos vivientes.
La Biología Evolutiva, en cambio, funciona a puro ingenio, a golpes de iluminación y genialidad, y suele expresarse de un modo entusiasta y literario. No es posible dejar de sentir el orgullo de Darwin cada vez que inventa una solución posible a un problema suscitado en su teoría por alguna objeción consistente.
Una de sus soluciones, repetida hasta el cansancio por sus epígonos, es mostrar que los sistemas más complejos presentan "versiones" menos complejas e igualmente funcionales en otros seres vivientes. La escala natural de los ojos es un buen ejemplo de ello, aunque El origen de las especies contiene otros menos afortunados, como la vejiga natatoria de los peces como anticipo de los pulmones, o las barbas de los patos como modelo de transición entre dientes y barbas propiamente dichas en el desarrollo que va de los vertebrados terrestres a las ballenas. Este recurso vuelve a repetirse cuando se intenta probar que hay formas menos complejas de coagulación de la sangre que las mencionadas por Behe.
Otro de esos recursos, repetido al infinito, es proponer, para órganos complejos que no pueden haber tenido funcionalidad de faltarle alguno de sus elementos integrantes, la posibilidad de que una versión más simple haya cumplido antes una función distinta para la supervivencia. Por ejemplo, las plumas, aun sin estar ligadas a huesos livianos y un aparato respiratorio adaptado al vuelo, pudieron haber servido como medio de conservación de la temperatura corporal en algunos dinosaurios que, según se sabe, ya poseían plumas en vez de escamas.
En ambos casos, la idea es que uno pueda remontarse paso a paso a formas más primitivas, y por ello más simples, hasta llegar a un punto en que ya no es posible hablar de "vida" y todo puede explicarse químicamente. Nunca se da una descripción detallada de cómo se pasó concretamente de un sistema funcional al otro, más que a través de la alusión a mutaciones beneficiosas, que, como ya hemos dicho, constituyen el sustituto actual de las pequeñas variaciones fenotípicas de Darwin.
Aquí se nota la búsqueda de una solución deslumbrante, de la intuición genial, de una iluminación oracular. Darwin solía presentar el problema como prácticamente irresoluble, para de inmediato dar con una respuesta posible, siempre con un tono de modestia no muy creíble, adoptando ese "perfil bajo" que era tan efectivo a la hora de probar la inteligencia del Creador en las obras de su admirado "rival" Paley. Pero no vemos aquí un "arduo trabajo del entendimiento" capaz de mostrar, según leyes firmes, el modo en que se produce el cambio. Siempre se nos habla de algo que "podría" haber sucedido. La Filosofía de la Naturaleza, tan criticada por el positivismo decimonónico, no ha muerto. Se ha refugiado en los libros de divulgación escritos por los biólogos evolucionistas.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

jueves, 27 de marzo de 2008

¿ES POSIBLE QUE PROCESOS METABÓLICOS COMPLEJOS HUBIERAN EVOLUCIONADO EN TAN SÓLO ALGUNOS CIENTOS MILLONES DE AÑOS?

No deseo entrar en una discusión del tipo CREACIONISTA- NO CREACIONISTA, sino simplemente analizar objetivamente la posibilidad de un desarrollo de la vida sobre la Tierra en un lapso de tan sólo 700 millones de años.
Mucho se ha hablado acerca de la labilidad y fragilidad de los organismos vivos, pero comienza a cundir la sospecha que la vida es mucho más tenaz de lo que se había pensado originalmente. Encontramos vida en las fosas abisales oceánicas, en la atmósfera exterior, inclusive se han podido “revivir” bacterias que durante 250 millones de años vivieron encapsuladas en un estado “latente” denominado "espora".
Hasta ahora no había modo de explicar, con los modelos matemáticos y fisicoquímicos vigentes, la manera de que se generara algo tan complejo como un proceso metabólico, en un lapso relativamente corto. Esto no implica que con las nuevas teorías podamos explicarlo “todo”, pero tal vez echen algo de luz sobre estos procesos.
Las teorías de las que hablamos están relacionadas con la Teoría de la Complejidad y con la de los Sistemas Caóticos, de la cual aquélla ha derivado.
Prigogine, un fisicoquímico, trabajó y adaptó la teoría a los sistemas vivos, trabajando en el área de la Termodinámica y analizando cómo podrían autoorganizarse (y autocatalizarse) los seres vivos en sistemas que no se encuentran en condiciones de equilibrio, sino en situaciones alejadas de él, como debieron ser las condiciones iniciales sobre la Tierra. Esto se relaciona con el modo en el que los sistemas, cuando están sometidos a situaciones caóticas, es decir, a situaciones donde no se encuentran en equilibrio, pueden llegar a formar estructuras nuevas. Cuando hablamos de situaciones caóticas, no nos referimos a un “desbarajuste total”, sino a un “umbral de caos”, a una “cercanía a un estado caótico o aleatorio”: la vida junto al abismo. Inclusive, muchos de estos sistemas poseen propiedades autocatalíticas, lo cual implica que las formas de organización existentes pueden generar estructuras nuevas derivadas de ellas.
¿Cuál sería el significado de todo eso?: que los sistemas complejos, tales como los metabólicos, podrían llegar a “emerger” de otros estados más simples, y en tiempos mucho más cortos de lo que se suponía hasta la fecha.
Copyright Ingrid Romer. Derechos reservados.

¿PODEMOS HABLAR DE EVOLUCIÓN DURANTE EL PRIMER EÓN DE VIDA SOBRE LA TIERRA?

La vida en la Tierra “aparentemente” surgió hace 3800 millones de años, 700 millones de años luego de la propia formación de la Tierra. Digo "aparentemente", porque eso es lo que evidencian los restos geológicos, ya que no existen restos fósiles de aquella época. En sus comienzos, la Tierra no fue un lugar plácido y hospitalario. Estamos hablando de un período con frecuentes impactos de meteoritos, radiaciones ultravioleta, vulcanismo, altas temperaturas, etc.
Los primeros organismos vivos que se desarrollaron en nuestro planeta fueron, con seguridad, bacterias. Y estas bacterias vivieron apaciblemente y sin ser molestadas (o tal vez no) durante 2 eones -2 mil millones de años- hasta que aparecieron los primeros organismos que presentaban un núcleo verdadero, los eucariotes.
El primer planteo que uno se hace es ¿cómo pudieron desarrollarse tan rápidamente las bacterias, a pesar de condiciones tan adversas?
La segunda cuestión es igualmente compleja: hace 3,5 eones se desarrollaron unas bacterias (denominadas "cianobacterias" debido a su color verdoso), que existen todavía hoy, y que viven "felices y contentas" en charcos, en piletas de natación no vaciadas en invierno, en acequias, y en otros lugares que presentan una mata verdosa (verdín). Obviamente, las actuales son lejanas descendientes de las primeras cianobacterias, pero su dotación genética, en todo ese tiempo, cambió poco, o sea que prácticamente no evolucionaron desde aquellos días.
De aquí surgen dos interrogantes. ¿Es la vida un “suceso más probable” de lo que se suponía orginalmente? Y, ¿cuál es el papel que juega la evolución, cuando hablamos de organismos microscópicos como las bacterias? ¿Podemos hablar de evolución si simplemente se modificaron mínimamente algunas de sus características?
Copyright Ingrid Romer. Derechos reservados.

jueves, 20 de marzo de 2008

Versiones de la historia



Que la vida ha tenido una historia en la Tierra, pocos lo dudan. Cuando hablamos de evolución, hablamos justamente de historia. Esa es la famosa "evolución de la cual nadie en sus cabales debería dudar", a la que se alude en los debates entre evolucionistas y cracionistas. Pero el problema, creo, está en qué versión de la historia deberíamos aceptar. Darwin introdujo una única figura en su libro El origen de las especies, una figura que ha llamado la atención de Gould, y con razón. En ella, Darwin dibuja algo que se ha malinterpretado como un árbol. La mala interpretación deriva de su identificación con los árboles filogenéticos de Haeckel, de tronco grueso y cortas ramas, que pretenden mostrar un desarrollo lineal de las especies. Una evolución lineal que conduce directamente hacia el hombre, siguiendo una idea antropocéntrica (e incluso ario-céntrica). Los árboles de Haeckel, famoso además por la belleza de las ilustraciones de sus libros, han cubierto durante mucho tiempo al esquelético, esquemático, casi abstracto, arbusto darwiniano. Y digo arbusto, porque en él las ramas se multiplican al infinito, porque carece de un tronco central, porque en él la parte es igual al todo. Lo que Darwin dibujó es un fractal. Ese fractal es, creo yo, lo que Gould trata de graficar también con el camino del borracho. Si uno pone un grano de polen en la superficie de un estanque, el desplazamiento aleatorio del grano sobre su superficie puede también describirse como un fractal. Pero ocurre que los fractales tienen un número al cual vienen asociados. Ese número nos indica su pertenencia a una jerarquía dentro de un orden matemático. No es el mismo fractal el que grafica los bordes de una isla que el que representa la distribución de las estrellas en el espacio. El arbusto de Darwin tampoco es la única descripción posible de la evolución de las especies. La idea de transferencia horizontal de genes ha llevado con el tiempo a pensar en su sustitución por un esquema en red, según el cual las líneas separadas pueden llegar a encontrarse y desarrollar líneas nuevas, con lo cual el esquema se vuelve mucho más caótico y menos lineal. Esta idea, desarrollada por Margulis y por el investigador español Máximo Sandín, cada uno a su manera, nos habla de una versión posmoderna de la historia, en la que cada organismo nos muestra las capas superpuestas de su genealogía. Gould, por su parte, también adhiriendo a una versión aleatoria de la deriva viviente, nos presenta, sin embargo, tomando una perspectiva macroevolutiva, un panorama diferente. En él las especies mantienen un perfil que oscila alrededor de valores centrales constantes. En puntos determinados se abre, por una especie de gemación, la gémula de una especie nueva, cuyo desarrollo es tan rápido, geológicamente hablando, que casi parece nacer de la otra especie como Atenea nació de la cabeza de Zeus, para usar una vieja analogía mitológica (perdón, pero este recurso al mito me pareció inevitable). Incluso, en su monumental y maravillosa obra póstuma, Gould nos presenta, a pesar de su amor al azar, un panorama inesperado: el modo en que la biodiversidad surge a partir de la progresiva pérdida de genes homeóticos. Como si una progresiva falta de regulación y restricción disparara ciertos parámetros hacia límites enfermizos, tan enfermizos como las locuras de los grandes creadores de la vanguardia artística, o las no menos locas abstracciones de la matemática moderna (iniciadas cuando Bolyai y Lobatchewsky perdieron esa regulación que impidió a Gauss dar a conocer su proyecto de geometría no euclideana: "el miedo al clamor de los beocios [es decir, de los ignorantes]").
Figuras: Arriba, el árbol de Haeckel, abajo, el arbusto de Darwin.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Nuestra propuesta

Pretendemos dilucidar la lógica que subyace a los complejos mecanismos moleculares, que son los verdaderos arquitectos encargados de crear a los seres vivientes y de regular su funcionamiento.
Abordamos los distintos campos de estudio de la biología, incluyendo la fisiología, la ecología, la teoría de la evolución y las hipótesis acerca del origen de la vida, pero siempre desde la perspectiva de la biología molecular, que es la parte de esta disciplina que se ha desarrollado más vertiginosamente en los últimos tiempos.
Lejos de asumir partidismos que sólo contribuirían a aumentar la confusión reinante entre cuestiones políticas, religiosas y filosóficas, nos proponemos asumir una distancia que nos permita reflexionar sobre los aspectos paradigmáticos involucrados en los actuales debates en torno a la evolución, el diseño inteligente y el orden gratuito en sistemas que se encuentran en el límite del caos, del cual han participado Gould, Kauffman, Goodwin, Margulis, Lovelock, Behe, y muchos otros.
Proponemos una perspectiva no reduccionista que rescate la complejidad de la vida sin caer en la falacia del “análisis mal planteado”, falacia que pretende que dividir un sistema en sus componentes es lo mismo que ir a los fundamentos y que realizar un viaje en el tiempo hacia los orígenes del sistema analizado.
La vida, creemos nosotros, es un acontecimiento cuyo ser está oculto, y la biología es la construcción de un discurso interminable que intenta apresar ese ser real que no puede ser convertido en lenguaje. Intentamos pensar el movimiento que se construye entre ese ser sustraído y el discurso que trata de iluminarlo.
Copyright Daniel Omar Stchigel y Mirta Elena Grimaldi. Derechos reservados.