Los antiguos griegos discutían acerca de si la sede del pensamiento estaba en el corazón o en el cerebro, así como si había tres almas o una sola. La actual neurociencia, heredera de esa visión que no podía aceptar realidades totalmente incorpóreas, sigue buscando la sede física de nuestros pensamientos.La tomografía computada se ha utilizado como una herramienta para la localización de las áreas cerebrales involucradas en la formación de ciertos pensamientos.
Las neurociencias han avanzado mucho en los últimos años gracias a la invención de medios tecnológicos que permiten saber en vivo lo que ocurre fisiológicamente en un cerebro que piensa. Pero siempre cuenta con el testimonio introspectivo de aquéllos que se someten a sus experimentos, con lo cual, más que alcanzar un reduccionismo de algún tipo, lo que hace es seguir la ya vieja idea de un paralelismo psicofísico.
El paralelismo psicofísico se remonta a las ideas de la física galieleana y cartesiana, con su distinción de cualidades primarias y secundarias, y ha sido criticado y desmenuzado por Husserl en su última obra pubicada en vida, La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental. La ciencia "seria" sigue siendo moderna, y eso significa que se basa en el planteo platónico de un recurso a explicaciones metafísicas de los fenómenos físicos. Con esto queremos decir que el fenómeno es considerado manifestación de un noumeno, de una construcción teórica que postula una realidad paralela, más verdadera, que escapa a la subjetividad del observador. Esto vale, paradójicamente, aun para el estudio de los fenómenos subjetivos.
Podríamos dudar de esta descripción de las neurociencias si pensáramos que la tomografía computada no recurre a construcciones teóricas. Pero sí lo hace, pues no nos muestra lo que pasa en el cerebro "abriéndolo", lo cual implicaría "matarlo para comprender su vida propia", sino de un modo indirecto.
Así como la física correlaciona las sensaciones de color con las ondas de luz con amplitudes y longitudes mensurables, la neurociencia correlaciona nuestros estados psíquicos con los flujos sanguíneos en el cerebro que piensa.
Lo que recién empieza a analizarse es un nivel más elemental que el fisiológico, de las áreas cerebrales. Nos referimos al nivel biomolecular, en el cual se ubican las investigaciones acerca de las prolongaciones y retracciones de las conexiones sinápticas y sus intercambios de moléculas, así como el transporte de señales a través de los microtúbulos.
Si se pudiera llegar a correlacionar el trabajo de los microtúbulos con el pensamiento, teniendo en cuenta que ellos, como parte del citoesqueleto, controlan no sólo el mantenimiento de la estructura celular sino también sus movimientos, debríamos pensar que ellos constituyen el "verdadero" sistema nervioso de los organismos, aun de aquellos que no cuentan con neuronas. La irritabilidad pasaría a considerarse como un modo de sentir y de pensar (en virtud del paralelismo psicofísico antes mencionado), y aparecería difundido por la totalidad del organismo pluricelular, y no sólo en sus ganglios nerviosos, que serían meras concentraciones de la capacidad perceptiva y locomotora de, al menos, todos los organismos eucariontes. Los microtúbulos que regulan y producen el movimiento de los cilios de los paramecios, como dice Penrose, deberían ser tomados como un ejemplo de proceso cognitivo. Habríamos llegado a la conclusión de que el "alma" está difundida por todo el cuerpo, sin una localización específica, que es lo que pensaban los primeros filósofos griegos.
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