
Como hijos de su tiempo, uno en la juventud de ese tiempo, y otro ya cerca de su terminación, Lamarck y Darwin no pudieron escapar a la idea de un progreso ilimitado. Hoy en día, ese concepto se ha desvanecido, y la historia tiende a aceptar la existencia de grietas a través de las cuales distintas épocas se tocan e intercambian sus lugares. La modernización y el tradicionalismo conviven o entran en crueles conflictos. Nadie plantea que la humanidad marcha hacia lo mejor. En el campo de la Biología se impone de a poco una visión similar.
Para la teoría de la complejidad, si hay orden, este surge de un modo "gratuito" y sin una clara dirección, o en un intervalo privilegiado en la historia del universo ubicada entre la homogeneidad caliente del inicio y la homogeneidad fría del final. Para Margulis y para Sandín, la transferencia horizontal de genes enloquece la direccionalidad de los viejos cladogramas, y hace que convivan restos de virus y bacterias en el interior de formas más "modernas" de organización. Hasta podría pensarse que estamos "hechos" de una superposición milagrosamente funcional de restos de bacterias y virus. Gould nos enseña que los genes homeóticos y otros similares (como el Pax 6) se mantienen durante millones de años, inexplicablemente ajenos a las mutaciones (por lo menos a aquellas que pudieran hacerles perder a las proteínas codificadas por ellos su forma espacial y su consiguiente funcionalidad), de modo que estrictas reglas para el desarrollo ontogenético canalizan y dirigen los posteriores desarrollos de la vida que se dan a partir de las mutaciones por simple deriva genética o por transferencia horizontal, con una ínfima intervención de la selección natural en todo el proceso.
Nos encontramos, entonces, en plena Biología "suprarracional", como diría Bachelard, o, para que sea más entendible el concepto, con una Biología Posmoderna.
El sentido epistemológico de lo que está sucediendo es muy claro, aunque falta todavía una nueva filosofía de fondo, un nuevo paradigma que unifique estos resultados.
Pero la cuestión va más lejos, en un sentido en el que me gustaría avanzar en mi posición de diletante, de observador exterior frente a estos cambios, posición que me otorga la filosofía. Gould señala muchas veces que Darwin iba en el camino correcto, pero en un sentido contrario. Es una afirmación que parece una sincera admiración por las intuiciones del Maestro, pero que podría tomarse también como una ironía, y no contamos ya con Gould para preguntárselo. Ocurre, por ejemplo, que la vejiga natatoria de los peces, que Darwin veía como un órgano, digamos, "exaptado" por la selección natural hasta convertirlo, mutaciones mediante, en un pulmón, resultó ser, según el registro fósil, al contrario, una derivación del órgano respiratorio aéreo de los peces pulmonados. Y este no es el único caso. Los cocodrilos, que se pensaba eran reptiles primitivos, resultaron ser posteriores a los dinosaurios, y los mamíferos, que se pensaban posteriores, eran, en realidad, anteriores. Los ojos, aparentemente en progresiva complejificación, eran tan rebuscados, en su forma multifascetada, en los trilobites, como lo serían más tarde en las moscas (las cuales los han mantenido intactos por millones de años). Si sumamos a esto la progresiva reducción en el número de los genes homeóticos, según una comparación de los fósiles con las variedades similares actualmente existentes, la conclusión es una sola: las apariencias engañan, la complejidad genética de los seres vivientes ha ido, en general, disminuyendo con el tiempo. Algo que, de acuerdo a nuestra mentalidad antropocéntrica, todavía no podemos comprender.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.
Fuente del cladograma: www.dinosaurios.net/cro/cro2_amnio.htm



