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sábado, 31 de mayo de 2008

La Biología, ¿ciencia de hechos o ciencia de esencias?

En el congreso de 1993 dedicado a conmemorar los aportes de Schrödinger a la Biología del siglo XX quedó clara la existencia de dos visiones en conflicto acerca de la Biología, relacionadas con el modo de tratar el tema de la contingencia.
Algunos autores celebraban la intervención de la física en el ámbito de la biología para introducir planteos de carácter universal ("el orden a partir del orden" y "el orden a partir del caos", es decir, el mecanismo de la herencia, por un lado, y el crecimiento de la organización a partir de un entorno físico sometido a las leyes de la termodinámica, por otro). Otros conferencistas, incluso alguno procedente del ámbito de la física, se dedicaron a hablar en contra de esa intervención, una posición que podríamos resumir en la "envidia de la física" que mencionó Gould específicamente.
El planteo de Gould consiste en que lo que hace "interesantes" a los seres vivientes es el hecho de que su conformación física específica es el resultado de contingencias históricas. Por ejemplo, y más allá de que las bacterias siempre han sido las vencedoras en la lucha por la vida en el planeta, entre los organismos puricelulares es una contingencia (posiblemente originada en la caída de un meteorito) lo que dejó libre el nicho ocupado por los dinosaurios para que los mamíferos pudieran desarrollarse libremente.
Tales contingencias no son negadas, pero sí simplemente obviadas, justamente por carentes de interés, por quienes, en un espíritu más "tradicional", se ocuparon de defender la elaboración de modelos generales, sea en la línea de la sinergética de Haken, de la termodinámica de procesos irreversibles de Prigogine o de las redes booleanas de Kauffman.
Ambas líneas de pensamiento se ocupan del pasaje "del caos al orden", que Schrödinger intrpretaba como una apropiación de "entropía negativa" por parte de los organismos, dejando de lado la cuestión del pasaje del "orden al orden", proyecto universalmente vigente en la genética y la biología molecular contemporáneas.
Uno de los expositores se planteó por qué la primera sugerencia de Schrödinger fue bien acogida y desarrollada, y no la segunda. De este tema nos ocuparemos en otro momento. Ahora nos interesa ocuparnos de la cuestión de la necesidad y la contingencia y el lugar de la ciencia en este debate.
La ciencia, ya lo hemos dicho, surgió buscando lo permanente, lo universal y lo necesario, detrás del mundo de apariencias confusas y contingentes de nuestro choque sensorial con el entorno. La crítica de Gould a este enfoque, sin embargo, no es equivocada: si la verdad debe abarcarlo todo, la contingencia debe ser también comprendida y explicada.
Pero explicar es derivar el hecho contingente a partir de una ley necesaria y universal. No así el "comprender", que trata de detenerse en los detalles del caso singular. Comprendemos a una persona, comprendemos el sentido de un texto, comprendemos a una cultura. Las ciencias humanas son hermenéuticas. Lo hermenéutico, la comprensión de la singularidad del caso, es la técnica de aquellas ciencias que Husserl denominó "ciencias de hechos". La Paleontología es una ciencia de hechos. Su objetivo es recontruir el modo de vida, en un entorno específico, de una especie animal o vegetal o fúngica o protista o procarionte, pero extinta.
Las ciencias llamadas "duras", como la física o la química, son ciencias "de esencias", en la terminología de Husserl. Buscan enunciados universales que puedan funcionar como leyes de las cuales pueda deducirse el caso particular por intermedio de un razonamiento estrictamente deductivo, para lo cual se sirven del apoyo de teorías de la medida que les permite reducir esas leyes a fórmulas matemáticas.
¿Y la Biología? Cuando se ocupa de leyes, como en el proyecto molecular, es una ciencia de esencias (esencias que toma prestadas de la química y de la teoría de la información, a veces también de la física). Cuando se ocupa de las contingencias históricas de la evolución, incluyendo a veces (no en la perspectiva de la teoría de la autooorganización, que es universalista) el origen de la vida en la Tierra, es una ciencia de hechos.
Si tenemos en cuenta que en el siglo XIX la Biología se ocupaba de describir características observables de seres vivientes de distintas especies y especulaba sobre su evolución, y que ahora es mayormente "biología molecular", debemos aceptar, en una perspectiva estrictamente histórica (y quizás, por ello mismo, como algo contingente) que la Biología se ha pasado cada vez con más decisión al bando de la "ciencia de esencias", algo que a la psicología le está sucediendo también, aunque con mucho mayor lentitud.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

lunes, 24 de marzo de 2008

El azar y la necesidad

Supongamos que intento encontrar una sustancia química que me permita hacer un agujero en una piedra. Teniendo en cuenta que no sé nada de química, tendré que buscar entre las cosas que están a mi alrededor y seguir un proceso de ensayo y error. Paso varios días intentándolo, hasta que al final me canso y abandono la empresa. Una bacteria no se propone encontrar una sustancia química para entrar en mis células. Se multiplica y cada tanto sufre mutaciones. Esas mutaciones le permiten generar sustancias nuevas (algo que yo no puedo hacer, porque no tengo conocimientos de química, y a la bacteria, eso de hacer fórmulas químicas, le sale espontáneamente, porque procede ella misma de combinaciones químicas). Con algunas come lo que come y se sigue multiplicando. Con otras no come nada y se muere. Después de unos millones de generaciones, que en las bacterias se dan en poco tiempo, aparece el gen que codifica la sustancia que le permite entrar en mis células. Pero como no tiene genes que le permitan hacer algo con mis células, se muere adentro. Millones de generaciones más tarde, la bacteria tiene dos genes, aquel que le permite entrar a mis células, y otro que le permite disolver sus sustancias para poder absorverlas, pero la célula es fagocitada por un leucocito, y la bacteria muere sin dejar descendencia. Millones de generaciones después... No, acá hay algo que no cierra.

Tomemos otro ejemplo: Hay muchas maneras de procesar la carne de un animal. Podemos molerla con los dientes y después digerirla con los jugos del estómago. Otros seres vivientes lanzan los jugos digestivos sobre ella directamente, sin molerla. Digamos que hay varias llaves posibles para abrir una misma cerradura. En el caso de las piedras de moler, hay que fabricarlas con sustancias químicas adecuadas que deben ir a parar al lugar en el cual deben cumplir esa función. Tratemos de aplicar el relato de las bacterias a la formación de los primeros dientes. Primero debieron pasar millones de generaciones hasta que hubiera una mutación capaz de generar una parte de un diente, y después otra, pero también necesitamos, en medio de una maraña de tejidos ya dispuestos para una alimentación sin necesidad de dientes, una que le diga al diente dónde ponerse. Al principio debieron aparecer dientes en el hígado o en el estómago, el resultado fue inviable, y vuelta a empezar. Encima, en los pluricelulares, millones de generaciones no se hacen en unas horas. Acá hay algo que tampoco cierra.

Pensemos en algo más simple: el cuello de la jirafa. Lamarck explicaba muy bien esto: la jirafa estira el cuello, pasa ese pequeño estiramiento a su descendiente, que lo estira un poco más, y así. Todo demasiado teleológico para Darwin. Pero este es el relato que se cuenta en los libros de texto, porque contar la versión darwiniana de la historia sería demasiado engorroso. Habría que pensar, por una lado, en una presión selectiva constante que mantuviera su direccionalidad por millones de años: se compite por las hojas accesibles, y hay todo un nicho de hojas disponibles pero inaccesibles (las hojas altas). Una pequeña variación en el cuello ya es una ventaja adaptativa. Pero no se estira un cuello de la noche a la mañana. Hay que esperar a que una mutación al azar lo estire. Darwin no habla de mutaciones, habla de pequeñas variaciones. Pero una variación fenotípica de origen ambiental no nos serviría para expicar el surgimiento del cuello de la jirafa. Debe tratarse de una modificación heredable. Así que hay que pensar que constantemente los genes están sufriendo mutaciones sin dirección. Las que generan variedades del mismo tamaño o más pequeñas, perecen. Las que generan cuellos más grandes, sobreviven y pasan los genes a la sigiente generación. Pero en la generación siguiente hay de nuevo mutaciones, y todo podría volver atrás, al punto de partida. La clave está en que las mutaciones generen sólo variaciones de tamaño pequeñas, en torno a la media, para que el tamaño medio se vaya desplazando hacia lo alto, aun cuando las mutaciones sean aleatorias. ¿Puede la genética y la biología molecular probar esto? En realidad, el largo del cuello es un carácter poligénico, porque depende de múltiples hormonas y otras sustancias específicas que son codificadas por distintos genes y sus correspondientes reguladores, que a veces se apuntalan o se inhiben mutuamente, lo cual implica que un pequeño cambio en el cuello de la jirafa sea el resultado de múltiples mutaciones coordinadas en paralelo, una complejidad altamente improbable. El largo del cuello depende además de factores ambientales, como el tipo de alimento, que influyen directamente sobre el fenotipo, y que, aunque no se heredan genéticamente, a veces se mantienen constantes, dando la apariencia de que el carácter resultante está grabado en los genes. Más complicada se pone la cuestión cuando pensamos en la formación de ballenas a partir de perros, lo cual nos obliga a pensar en una presión selectiva constante (aunque no direccional) que se mantiene durante millones de años en un mismo sentido (sic) e impide una vuelta atrás.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.