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miércoles, 5 de noviembre de 2008

La muerte no es un accidente

Hay un filósofo de cuyo nombre no quiero acordarme que dice que hay diez causas de la muerte. Evitándolas se lograría vivir eternamente. Esa idea ridícula, que también se nos presenta en las publicidades médicas, queda desmentida por el hecho de que somos criaturas en devenir, y por lo tanto, destinadas a la extinción individual. Cuando una persona muere de un paro cardiorrespiratorio después de una larga enfermedad no es que el corazón le falla, y que eso podría haberse evitado. El corazón es el órgano que decide sobre nuestra vida y sobre nuestra muerte biológicas. Cuando el deterioro es grande, el ser viviente simplemente se deja morir. Si lo obligan a alimentarse por la fuerza, el corazón se detiene en seco y dice "basta". ¿Cómo y por qué? es un misterio. No podemos explicar esto por causas mecánicas. Los médicos saben cuándo una persona tiene "pronóstico reservado", porque está "entregada". Eso no se les enseña en la facultad de Medicina. Lo saben por experiencia, como saben que un placebo a veces produce la sanación espontánea de un número significativo de personas (basta consultar las estadísticas que se utilizan en la prueba de nuevos medicamentos).
Supongamos, de todos modos, que pudiéramos vivir eternamente. Debríamos evitar reproducirnos o colapsarían los recursos ya escasos para nuestra supervivencia (lo de conquistar otros planetas en un futuro lejano, está ahí, "en un futuro lejano", y es como cuando le dicen a uno "venga mañana", uno va al otro día y le dicen "¿no le dije que venga mañana?").
Copyrignht Daniel Omar Sstchigel. Derechos reservados.

jueves, 27 de marzo de 2008

A mi manera

Freud descubrió que sus pacientes se negaban a dejar de repetir ciertas comportamientos que les provocaban angustia. Eso lo hizo pensar que debía ir más allá del principio del placer, y comprendió que lo propio de la vida no es "buscar el placer y huir del dolor", sino más bien "morir a su manera". Esto suena muy pesimista, pero , por lo menos en el ámbito pluricelular, lo más extraño es que, además de la necrosis, que es lo que llamaríamos una "muerte por factores externos" o muerte accidental, existe la apoptosis, una muerte siempre posible, una muerte "programada".
Pero no hablemos de la muerte. Hablemos de algo más amplio, algo que abarca a esta idea, y que tiene que ver con el "estilo", o con lo que Goethe llamaba "lo característico". Cuando iba a un taller literario, me decían "tienes que encontrar tu voz". Cuando voy de mi psicólogo, él me dice "tiene que actuar a su modo, descubrir quién es usted, no rechazar ni siquiera sus lados oscuros, sus ataques de ansiedad, su impaciencia". Creo que estas cosas no tienen que ver sólo con nuestra vida como personas. Una especie, un individuo de la especie, y hasta una célula, o una proteína, tiene una "manera", una manera de ser y también una manera de no ser. Algo hay en las obras de un autor que nos muestra que son de él, que nadie más podría haber escrito "eso y así". A veces, esas maneras nos producen profundo rechazo. Podría dar algunos ejemplos bastante morbosos del mundo de los insectos. Pero bueno, ellos son así. Ese es su modo. Ya es hora de olvidarnos de hablar de lo perfectos o lo imperfectos que son. Hasta ayer la perfección era una demostración de la presión de la selección natural, de su capacidad para rescatar cada pequeño avance en el camino hacia la complejidad. Hoy es la imperfección lo que nos demuestra que no hay diseño inteligente. Pero la vida no tiene que ver ni con inteligencia, ni con soluciones chapuceras. Tiene que ver con el arte y con el estilo. Tiene que ver con la manera en que los seres vivientes, en cualquiera de sus niveles de organización, se construyen y se destruyen a sí mismos.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.