miércoles, 5 de noviembre de 2008

La muerte no es un accidente

Hay un filósofo de cuyo nombre no quiero acordarme que dice que hay diez causas de la muerte. Evitándolas se lograría vivir eternamente. Esa idea ridícula, que también se nos presenta en las publicidades médicas, queda desmentida por el hecho de que somos criaturas en devenir, y por lo tanto, destinadas a la extinción individual. Cuando una persona muere de un paro cardiorrespiratorio después de una larga enfermedad no es que el corazón le falla, y que eso podría haberse evitado. El corazón es el órgano que decide sobre nuestra vida y sobre nuestra muerte biológicas. Cuando el deterioro es grande, el ser viviente simplemente se deja morir. Si lo obligan a alimentarse por la fuerza, el corazón se detiene en seco y dice "basta". ¿Cómo y por qué? es un misterio. No podemos explicar esto por causas mecánicas. Los médicos saben cuándo una persona tiene "pronóstico reservado", porque está "entregada". Eso no se les enseña en la facultad de Medicina. Lo saben por experiencia, como saben que un placebo a veces produce la sanación espontánea de un número significativo de personas (basta consultar las estadísticas que se utilizan en la prueba de nuevos medicamentos).
Supongamos, de todos modos, que pudiéramos vivir eternamente. Debríamos evitar reproducirnos o colapsarían los recursos ya escasos para nuestra supervivencia (lo de conquistar otros planetas en un futuro lejano, está ahí, "en un futuro lejano", y es como cuando le dicen a uno "venga mañana", uno va al otro día y le dicen "¿no le dije que venga mañana?").
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