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miércoles, 24 de septiembre de 2008

La lucha de las metáforas en Biología

Cada posición en biología se presenta como la defensa de una metáfora. Dawkins usa la imagen de los genes como unidades informacionales con carnadura molecular que se arman máquinas para su pervivencia y replicación. Margulis imagina las organelas como animalitos que viven juntos en una pacífica simbiosis. Gould habla del paseo del borracho. Behe piensa en los organismos como máquinas tontas de complejidad irreductible. Sheldrake piensa en una radio que sintoniza distintas emisiones de un campo radial. Los neodarwinistas hablan de paisajes adaptativos, y Waddington de paisaje epigenético.
Cada metáfora da verosimilitud a cada una de estas posiciones. Si los seres vivos fueran como radios, tendría razón Sheldrake. Si fueran máquinas de complejidad irreductible, tendría razón Behe. Si fueran máquinas creadas por los genes, tendría razón Dawkins, etc. El problema no es saber cuál es la metáfora correcta, porque la metáfora no posee la propiedad de la verdad "por correspondencia", sino a lo sumo representa una "verdad poética". "Verdad" es entonces, en la biología moderna, "verosimilitud", en el sentido en que es verosímil un relato que hable de brujos y hechiceros si describe un mundo mágico, o es verosímil un relato que compare al Universo con una biblioteca en la que hay un libro que contiene todos los libros.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

viernes, 5 de septiembre de 2008

La Wikipedia admite cambios

Después de mi último artículo he comprobado que algunas afirmaciones de la Wikipedia sobre diseño inteligente se han presentado en una versión menos abiertamente contraria a esta idea. Así que la Wikipedia sí está abierta a los cambios, contra lo que había sostenido en el artículo anterior. Quiero pedir disculpas al censor que borró mis intervenciones por no haber esperado a que contestara mi pedido de explicación. Ahora comprendo que si hubiera usado un lenguaje más neutro quizás se hubieran aceptado mis correcciones. He comprobado, además, que no fui el único disgustado con el artículo en cuestión, viendo la página de discusión, aunque comprobé que el censor anónimo sigue en una posición inflexible acerca de lo que acepta como científico.
De todos modos, pienso que si la Wikipedia pretende seriedad, debe suprimir toda referencia, en los textos referidos a diseño inteligente y creacionismo, a esa burla anticreacionista llamada "pastafarismo", a la cual puede mencionar como fenómeno social, pero no tomar como un argumento en contra del creacionismo. Yo no soy practicante de ningún culto, pero creo que plantear que las pruebas de la existencia de Dios servirían igualmente para probar que hemos sido creados por un plato de spaguetti a la boloñesa, es inaceptable, salvo en la Frikipedia, que está hecha para ser tomada en broma, y en tal sentido es consecuente consigo misma. Es significativo que el artículo sobre el pastafarismo en Wikipedia y en Frikipedia prácticamente coincidan.
Tal vez deberíamos plantearnos a qué debemos llamar "ideas serias". Hasta donde sé, el único que reflexionó sobre el tema fue Kierkegaard, y lo único que pudo afirmar acerca de ello es que "el presente es lo serio de la vida".
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

martes, 8 de julio de 2008

Biología y filosofía de la sospecha

La metafísica y la ciencia se han basado siempre en la sospecha de que las cosas no son como parecen. Uno de los análisis más detallados de esa idea lo encontramos en la Ciencia de la Lógica de Hegel. En esta obra monumental, el filósofo nos muestra el modo en que la apariencia nos lleva a la realidad, y en que, de la realidad, debemos retornar a la apariencia, lo cual genera lo que él llama "el mundo invertido". Por ejemplo, de la apariencia de que el Sol sale y se pone todos los días pasamos a la "realidad" de que es la Tierra la que se mueve. Pero hay que probar que un observador terrestre verá esa realidad de otra manera, bajo la "apariencia" de una salida y una puesta del Sol.
Dentro de la filosofía y de la ciencia hay corrientes que llevan esa sospecha más lejos, entendiendo que la apariencia no es el resultado fortuito de la perspectiva del observador, sino un producto intencional de una realidad que "gusta de ocultarse". Incluso ese ocultamiento se atribuye a cierta intencionalidad que no pertenece a ningún sujeto individual consciente. El propio Hegel inicia en la modernidad esta línea de pensamiento al suponer que Dios, como razón histórica, usa las pasiones de los grandes hombres para ocultar sus verdaderas intenciones, que tienen que ver con una ascensión hacia grados superiores de conciencia y autoconciencia.
Otro filósofo de la sospecha es Nietzsche. Para él nuestros valores occidentales ocultan el afán de revancha de los esclavos romanos que adhirieron al cristianismo como una ideología de la sumisión y de la igualdad.
También Marx sospechaba que las ideas son sólo un reflejo deformado de una realidad económica que busca a través de ellas una legitimidad que le permita reproducirse a sí misma y perpetuarse en el tiempo.
Y no debemos olvidarnos de Freud, quien sospechaba que las verdaderas motivaciones de nuestros actos se originan en una "entidad" a la que llamaba "el inconciente".
En la Biología también tenemos filósofos de la sospecha. Empezando por Darwin, para quien la belleza apacible de un prado oculta la realidad de un combate encarnizado por la supervivencia. Siguiendo por Dawkins, para quien los genes nos usan de un modo egoísta como máquinas que aseguran su reproducción y su sostenimiento en el tiempo -una sospecha curiosamente próxima a la que suscitaba en Marx el mundo de la cultura-. ¿Y Margulis? Ella sospecha que las bacterias nos han utilizado como un medio para conquistar la Tierra e incluso viejar al espacio exterior.
Atribuir intencionalidad a seres inconcientes ¿es un recurso legítimo para la ciencia de hoy? Es un recurso muy utilizado en Ciencias Humanas. También en Biología. ¿No debería asumirse conscientemente como una metáfora o una analogía que busca una comprensión o familiaridad, pero no una explicación por subsunción de los hechos bajo leyes universales?
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

viernes, 9 de mayo de 2008

Damos la bienvenida a Norberto Álvarez Debans, publicista con inquietudes filosóficas

El artículo más reciente de nuestro blog es de la autoría de un publicista de larga trayectoria que ha sabido reflexionar filosóficamente sobre su oficio, y que nos habla de un sentido no habitual de la palabra "evolución", que Marx fue el primero en considerar: ¿existe una esencia humana genéticamente determinada, o el ser del hombre depende de su relación con el entorno mediada por el trabajo, ese trabajo que ha creado una segunda naturaleza, la tecnológica, que se transmite por una vía no genética a través de las generaciones?
Si la noción de genotipo extendido de Dawkins fuera aceptada, este planteamiento de una evolución hacia un homo technologicus implicaría que nuestro comportamiento humano es fruto de selecciones naturales sobre variaciones genéticas, y no, realmente, de una influencia retroactiva del entorno cultural sobre nuestro modo de ser y de obrar. Pero nosotros rechazamos los esquemas lineales, que sólo podían aceptarse en la época del dogma, y estamos obligados, por la propia evidencia empírica, a aceptar que la tecnología nos determina del mismo modo en que nosotros la determinamos a ella.
¡Bienvenido, Norberto, y gracias por la ampliación del concepto de "vida" que aporta tu artículo!
Daniel Omar Stchigel

miércoles, 7 de mayo de 2008

De nuevo sobre el estilo de Dawkins

Mirta se ha tomado el trabajo de hacer unas encuestas para tratar de obtener alguna información acerca del pensamiento de quienes leen este sitio, ya que suelen ser demasiado tímidos para hacer comentarios a nuestros artículos (salvo agradables excepciones).
Sé que no poder estar seguros de que el comentario sea aceptado puede amedrentar, pero sólo suprimimos comentarios que resultan ofensivos o que contienen localismos cuyo sentido desconocemos pero que, por el contexto, suenan muy mal. A pesar de que este sitio está en castellano, el idioma que manejamos tiene múltiples formas locales, y eso nos ha llevado a optar por lo que suele llamarse un "español neutro", siguiendo las ideas universalistas de Jorge Luis Borges.
Pero, volviendo a las encuestas, y considerando la información que muchas veces se acercan a buscar nuestros lectores, me doy cuenta de que queda un gran trabajo por hacer en el camino de la Epistemología de la Biología. Un trabajo que se parece a lo que podríamos calificar como "tareas inútiles", y que son las que mejor definen las características de nuestra especie. Tareas inútiles como la de pensar por el sólo placer de hacerlo, pensar para distanciarnos de la realidad, que nos apabulla con su superficie brillante que deslumbra, pensar para no dejarnos embaucar por los biólogos mediáticos como Dawkins, cuyos libros, sumamente entretenidos, toman rarezas interesantes de donde sea, las unen con hilos flojos pero agradables, y nos dejan, al final de su lectura, un vacío de rebordes suaves, reamente agradable, pero poco alimenticio para el alma.
Consideremos, por ejemplo, la obra Escalando el Monte Improbable, a la cual ya hice referencia en otros artículos de este blog. En una parte de la obra, Dawkins toma una serie de investigaciones hechas por David Raup acerca de la forma de los caracoles, muestra que puede establecerse un espacio de formas posibles, y señala que el hecho de que las caparazones de los caracoles no sean sistemas de protección les ha permitido transgredir ciertos límites evolutivamente "prohibidos". También nos dice Dawkins que él ha elaborado un programa de computadora basado en El Relojero Ciego, extensión a la cual dió el nombre de El Caracolero Ciego, lo cual le ha permitido mejorar la representación de formas posibles de Raup, etc.
De esta manera Dawkins no tiene problemas en admitir que pueda haber formas que carecen de función adaptativa, que esas formas siguen ciertos patrones que pueden graficarse en un espacio de formas posibles, y que, consecuentemente, hay orden gratuito en la Naturaleza (o sea, que existen las "enjutas" de las que hablaba Gould). Claro que antes había realizado un alegato ultradarwinista y había criticado a aquellos que, por "detalles" como éstos, pretender ir más allá de las ideas sacrosantas del Maestro. Después continúa con las curiosas simetrías del reino animal y habla de la simplicidad de un programa genético que repite patrones sin necesidad de extender la información mínima necesaria para la supervivencia de la especie, con lo cual reduce a economía una cuestión que otros verían en términos de armonía y mesura.
Lo cierto es que el "cubo de Raup" nada tiene que ver con la teoría de la evolución. Tampoco El Caracolero Ciego. Ni siquiera El Relojero Ciego. El espacio de Raup y los artilugios computacionales de Dawkins no presentan procesos que transcurren en el tiempo. En ningún caso las formas obtenidas de las variaciones de los parámetros iniciales coinciden con la dirección de la evolución según los registros paleontológicos, ni tienen que ver con ventajas adaptativas. Sostener lo contrario es confundir la estructura atemporal del mundo de las ideas de Platón con la cronología de las visiones del mundo de La decadencia de Occidente de Spengler.
Las formas posibles son formas co-existentes, como las nubes de probabilidad de la mecánica cuántica indican las posiciones en que puede encontrarse un electrón dentro del átomo en cualquier instante del tiempo.
Abran los ojos, estimados lectores, no se dejen engañar por quienes creen que la filosofía nada aporta a la Ciencia. La Ciencia nació de la Filosofía y sigue teniendo en ella sus raíces. Cuando un paradigma entra en decadencia, el científico busca desesperadamente a un filósofo que lo ayude. Si no lo encuentra, deberá hacerse él mismo filósofo. Pero que no se le ocurra buscar la ayuda de un vendedor de vidrios de colores, que deslumbra pero no instruye.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

lunes, 21 de abril de 2008

El gen no es de este mundo

En su obra El monte Improbable, Dawkins escribe una frase que es digna de cualquier pensador religioso. En ella nos habla de los genes que alcanzan la "eternidad" a través de su replicación, a veces apoyándose en otros, cuando ello es necesario. El gen egoísta logra sobrevivir a una competencia constante en un mundo molecular despiadado, en el cual los seres vivientes, incluyendo a los hombres, somos juguetes usados, sin saberlo, en un juego cuyo único objetivo es alcanzar la eternidad. Es notable el parecido entre esta idea, y la visión que tuvo Hegel acerca de Napoleón, como "el espíritu montado en un caballo blanco".
Para Hegel, la razón universal (de la cual el gen de Dawkins es una versión fragmentada y politeísta) utiliza a los hombres bajo el hechizo de sus pasiones, para lograr su objetivo: alcanzar la autoconciencia.
Es notable que un materialista y ateo confeso como Dawkins alcance un nivel de idealización tan alto como el de Hegel. Pero ya sabemos que los extremos se tocan.
Hegel decía que no hay ser más idealista que un materialista, pues eleva a fundamento de la realidad un concepto universal: el de materia. Lo mismo podríamos decir del gen egoísta.
Dawkins parece no advertir que los genes son paquetes informacionales que se prolongan en el tiempo cambiando constantemente de soporte material. Es decir, los genes coinciden exactamente con lo que Hegel llamaba "el Espíritu".
Trabajando para el sostenimiento de una visión materialista del mundo, según su pasión le dicta, Dawkins, en realidad, construye un idealismo sutil, como si el Espíritu Universal lo estuviera usando. ¿Es Dawkins un juguete de sus genes? Entonces, es juguete de la eternidad, de la información, es decir, del Espíritu.
Porque los genes, si bien se apoyan sobre una estructura de ADN que posee cierta independencia, se agrupan en islas genéticas estables, rodeados de genes reguladores sin los cuales no serían leídos por la maquinaria celular que inicia su transcripción y su traducción, y pueden sacarse de un ser viviente e insertarse en otros. Así, un gen parece mantener su "cuerpo" y su funcionalidad de modo simultáneo. Pero luego se replica, se multiplica y se disemina, y aquí vemos cómo sobrevive al proceso de su propia desaparición física al cambiar de "cuerpo", como un alma inmortal. Porque el gen, por y contra lo que Dawkins piensa, no es de este mundo.

martes, 15 de abril de 2008

Niveles de organización de la materia viviente

Gould se consideraba realista. Para él, el ADN, la célula, el organismo y la especie constituían individualidades de distintos niveles. Cada una evoluciona según sus propias leyes, pero del resultado de esa evolución surgen, en el nivel superior, "exaptaciones", es decir, efectos no adaptativos que le dan a éste último nivel la creatividad necesaria para poder evolucionar. Si no fuera por la manera en que el ADN egoísta (parte del ADN no codificante) procede a su propia replicación haciendo copias de sí mismo, lo cual no es económico para el organismo, éste no contaría con las innovaciones que le permiten los cambios importantes, los que implican un aumento en las dimensiones del ADN y un consiguiente, posible, aumento en el número de genes. Esos cambios de complejidad no podrían explicarse por simples errores en la replicación, que mantienen intacto el número de pares de bases.
Para Gould sólo opera la evolución darwiniana a nivel del organismo individual. La reproducción diferencial hace que, a un nivel superior, surja el mantenimiento estable de una población a pesar de las mutaciones, y, a partir del aislamiento geográfico, la aparición y el rápido desarrollo de una especie nueva.
La teoría multinivel postulada por Gould es una combinación de tradición y renovación que ha sido malinterpretada muchas veces, sea como un agregado subsidiario al darwinismo, sea como una renovación radical encubierta. Yo creo que ninguna de las dos interpretaciones es correcta. Pero también pienso que el concepto de "enjuta" y el papel de la contingencia que genera armonías gratuitas es explotable en una dirección mucho más extremista que la que Gould adoptó.
Tiendo a pensar cada vez más que el orden molecular pasa por el estilo y el movimiento, y que la vida es un fenómeno estético, un fenómeno de superficie en el que se entremezclan realidades moleculares con aspectos ambientales, y también con cuestiones subjetivas, derivadas del modo de nuestra observación.
Como sea, el realismo de Gould me parece excesivo. La "realidad", en el sentido científico del término, tiene tantos niveles como nosotros seamos capaces de ver en ella. Eso no significa que, una vez adoptada cierta perspectiva desde la cual es observable un cierto nivel de identidad, no estemos obligados, por la manera en que el objeto se nos presenta, a orientar nuestro discurso en una dirección definida que no es "subjetiva". En este sentido, pienso que la posición de Gould es la más sensata, si se matiza su postura filosófica para evitar las discusiones estériles acerca de cuál es el "nivel fundamental" en el que transcurre la vida, y, con ella, su evolución.
Como decía Husserl, no hay un objeto que no lo sea para el sujeto que lo contempla, ni hay un contemplar que no lo sea de un determinado objeto. Ayer esta mujer era "amorosa", hoy es "odiosa". Ha cambiado mi sentimiento por ella. ¿Ha cambiado la persona? Ha cambiado para mí. Pero puedo demostrar con tanta objetividad que es odiosa, como antes podía justificar que era amorosa. ¿Estoy siendo subjetivo? Tal vez, pero sólo en la especial selección de características que mi amor o mi odio hacen resaltar en esa persona.
En Biología pasa lo mismo. El gen es egoísta porque busca solamente persistir en el ser haciendo copias de sí mismo, pero el ADN es altruista, porque se deja despedazar por la maquinaria de replicación para que sea posible la persistencia en el tiempo de su contenido informacional. ¿Egoísmo, entonces, o altruismo? La especie que sobrevive sin cambios es exitosa, aunque las demás especies de su phylum se hayan extinguido. Pero el phylum que ha persistido es exitoso por contener muchas especies, aunque ninguna se haya conservado idéntica a sí misma desde sus inicios. ¿Cuál es la postura verdadera? Todo depende de la perspectiva desde la cual se estudie el objeto de conocimiento.
Dawkins adopta la postura de la navaja de Ockham: no multiplicar los entes innecesariamente. Gould adopta la postura contraria: tantos niveles de identidad como sea posible. Entre los dos, me quedo con Gould. Mis motivos son, uno, puramente estético: no empobrecer nuestra visión del mundo. Otro, gnoseológico: si el objeto es lo que el sujeto ve de la cosa, ¿como saber cuál es la mejor posición desde la cual ubicarse para ver el objeto en su verdad? Ante la duda, lo mejor es hacerlo desde el mayor número de puntos de vista que nos sea posible.
El mejor antídoto contra el reduccionismo es aquella fábula de los hombres que debían describir un animal en una habitación a oscuras con sólo palparlo. Para algunos era grande y redondo como una gran piedra, para otros era finito y alargado como una serpiente. Otros se lo hacían plano, delgado y móvil como una manta raya. Ninguno supo que lo que habían estado tratando de describir era un elefante. No caigamos en el mismo error.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

lunes, 14 de abril de 2008

La táctica de Dawkins

¿Como se asciende al Monte Improbable? Según Dawkins, a pequeños pasos, mutando, logrando una victoria cada mil derrotas, como en el combate contra una ciudad sitiada. Pero ¿quién subiría la cuesta sin motivos? La vida no tiene motivos para persistir, mucho menos los tiene para ascender al Monte. Sin impulso de ascenso, la vida hará lo que toda piedra que se mueva en el Monte, caerá hasta que algo la detenga, quizás hasta el propio suelo. Todo depende de qué tan escarpado sea el Monte. Así, el Monte Improbable se vuelve el Monte Imposible, sin un impulso para la subida. El Monte Improbable se llama también el Monte de la Complejidad, el Monte de la Inestabilidad y el Monte del Peligro. Nadie sube al monte por casualidad. Uno no ve a las piedras ascender al Monte impulsadas por el viento.
Pero, claro, quizás las piedras sean arrojadas hacia arriba por un Relojero Ciego. El Relojero Ciego no ve hacia dónde tira las piedras, pero alguna puede que llegue alto en el Monte. ¿Y si no tiene algún medio de aferrarse a la ladera? Volverá a caer, y el Relojero Ciego no podrá salvarla de la caída, porque no la ve. Así que el Relojero Ciego seguirá arrojando piedras, que siempre volverán a caer.
¿Qué es más fácil, nacer o morir? ¿Evolucionar o involucionar? Por lo visto, la vida no sigue el camino más fácil. ¿Por qué? No lo sabemos.
Cuando Dawkins nos muestra a un escarabajo que parece hormiga porque ha sido seleccionado, no nos explica cómo se las apañó para cambiar totalmente su apariencia sin dejar de ser escarabajo. ¿Cómo hizo para mantener su identidad genética de escarabajo y a la vez tomar forma de hormiga? Nos dirá que casualmente nació un escarabajo con leves rasgos de hormiga, y que eso le dió una ventaja para la supervivencia, porque empezó a vivir de las hormigas. Pero ¿cómo transmitió sus genes de semi-hormiga, si parecer hormiga no coincidía con el ideal del escarabajo para la hembra? No lo sabemos.
Tampoco sabemos por qué las hormigas no detectan el engaño. Claro, es que ellas no mutaron para poder detectarlo. Es decir, lo que no pasó, no pasó porque no pasó. Pero la Ciencia se ocupa de las cosas que no pasan, o que pasan, porque no pueden, o porque deben, no pasar, o pasar, de ese modo. Si todo es contingencia en la vida, no hay ciencia de la vida.
Dawkins también nos muestra un modelo de computadora basado en la selección natural que lleva, por simple ensayo y error, a que una tela de araña se optimice para atrapar moscas. Pero ningún programa suyo nos muestra cómo surge, de esa manera, la araña, ni las vías metabólicas para crear su tela. Y eso que la tela es presentada en maravillosas fotografías, en sucesivos acercamientos. Dawkins nos muestra una maravilla compleja e incomprensible, en la que cada tantos centímetros la tela se enreda y se envuelve en pegamento para poder ser larga cabiendo en poco espacio y estirarse y retraerse lo necesario para atrapar a la presa. Nos lo muestra, pero no nos lo explica. Es más, nos muestra que hay arañas que viven arrojando la tela como boleadora, de modo igualmente efectivo, pero mucho más simple. Así que la complejidad resulta gratuita, e inexplicable por pura necesidad adaptativa. Claro, están las mutaciones. Pero las mutaciones, como ya hemos visto, llevan a nada o a todo. Un concepto que tampoco nos explica nada. Y no podía ser de otro modo: estamos en el lugar de la complejidad, una superficie en la que no podemos dejar de resbalar.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

sábado, 12 de abril de 2008

La vida, desde adentro

Hay algún motivo por el cual los pensadores se dividen en dos bandos. Los que aceptan que somos, como dice Dawkins, complejas maquinarias creadas por los genes al servicio de su propia replicación, y los que no lo aceptan de ningún modo. Los que no lo aceptan, y entre ellos me encuentro, generalmente dan argumentos científicos o filosóficos para su rechazo. Por ejemplo, que Dawkins no tiene en cuenta los procesos que se dan entre el ADN, donde él ubica los genes, y el fenotipo, que esos genes "codifican". O que no explica por qué tanto despliegue de complejidad de máquinas que podrían reducirse al nivel de una bacteria sin alterar en nada su capacidad de supervivencia. O que no tiene en cuenta que un gen es un carácter codificado, es decir, que sin ese carácter al que codifica no sería un gen, con lo cual el ADN es el medio a través del cual un organismo se copia a sí mismo, y no el organismo un medio a través del cual el ADN se replica. Todo esto es cierto, y lo comparto. Pero creo que el verdadero motivo por el cual se rechazan esas ideas es otro, está en la mente de quienes hacen el rechazo causa suya (como Gould y Steven Rose), pero no lo mencionan. No lo reconocen porque tiene que ver con la percepción que todos tenemos de nuestra propia vida, por así decirlo, "desde adentro", porque no es un argumento científico. Pero lo cierto es que, si no consideran que la vida sea sólo "cibernética molecular", es porque "máquina" es una palabra que viene asociada a un montón de imágenes y significados, que son incompatibles con los significados e imágenes que vienen asociados al término "vida".
Éste es el aspecto que se le ha criticado más a Haeckel y a Teilhard de Chardin, y sin embargo, para mí, es justamente el único rescatable: vida es algo que pasa "adentro", en un lugar que no es lugar, en el lugar del "sentirse vivir". La biología nos habla de las causas fisiológicas del latido del corazón, pero nada nos dice de nuestro "sentir al corazón latir". Ese "sentirse", que nos pasa a los hombres, pero que también "sentimos" oscuramente (por empatía) en los animales, y algunos hasta en las plantas, es lo que Husserl llama "cuerpo viviente", o soma.
El soma es nuestro centro, el punto de vista, el mirador desde el cual contemplamos el paisaje del mundo. Es, como decía Ortega y Gasset, el modo en que sentimos, nos dejamos afectar, por el mundo, un mundo que nos repugna, que nos atrae o que nos duele, que tocamos, que empujamos, que torcemos y que golpeamos.
El filósofo naturalista Nagel se pregunta qué siente el pájaro en su vuelo. Sabe que es una pregunta contra-fáctica, casi un sinsentido. Nunca seremos aves, nunca sentiremos lo que es volar. Es el poeta, no el biólogo,el único autorizado a hablar de esta "vida desde adentro". Así como el neurólogo cognitivo observa sus tomografías computadas y dice qué áreas del cerebro están involucradas mientras el "sujeto que es objeto del experimento" hace esto o aquello, y no saca conclusiones sobre el sentido de que haya algo que sea "ser conciente de sí mismo", el biólogo comprende los ritmos cardíacos sin plantearse qué es el "sentir a la vida latir en las venas", ni pensar hasta qué orden animal se puede hablar de un tal "sentir".
¿Se esfuerza el girasol en dejarse tostar por el calor del Sol? La Biología no se puede preguntar estas cosas. La filosofía puede preguntarlo, pero no responder. Sólo el poeta responde.
Sin embargo, los que nos resistimos al reduccionismo genético de Dawkins, por más que damos argumentos biológicos bien legítimos para ello, en el fondo, lo hacemos por lo que tenemos de poetas (o, al menos, de filósofos).
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados

miércoles, 12 de marzo de 2008

¿Qué es el éxito para Richard Dawkins?

La idea de genes egoístas que usan a los organismos vivientes como máquinas moleculares para lograr su propia replicación fue el aporte más importante realizado en el siglo XX para resucitar al darwinismo, justo cuando Gould empezaba a cuestionarlo, en otros aspectos, con su teoría de los equilibrios puntuados. Si bien la idea no es de Dawkins, se debe a él el mérito de haberla divulgado hasta convertirla en una de las formas más acabadas del materialismo actual. Cuando uno lee a Dawkins no puede evitar pensar en El hombre-máquina de La Mettrie, un materialista del Siglo de las Luces. Tampoco es posible dejar de pensar en la concepción de Descartes acerca del hombre, y esto por un motivo particular. Para Descartes, los animales son máquinas, creadas o no por Dios desde el principio de los tiempos geológicos, eso nunca lo dice. Pero en el hombre hay una especie de hombrecito más pequeño, inmaterial él, que dirige la máquina humana con su voluntad. El ADN de Dawkins también es como un hombrecito, pero molecular, que monta las máquinas que lo protegerán para que pueda persistir en el ser y hacer copias de sí mismo. Hay muchos puntos discutibles en esta idea de Dawkins, pero me interesaría reflexionar sobre un concepto que suele darse por sentado incluso en las críticas más habituales, y es el de "éxito". ¿Cuándo un gen es exitoso para Dawkins? Cuando hace copias exactas de sí mismo, tantas como pueda. Supongamos, por ejemplo, que un gen codifica un color de ojos rojos. Su triunfo consiste en que todos los descendientes de la máquina molecular que ha construido para poder replicarse tengan el gen del color de ojos rojos, aun cuando el color de ojos de la máquina, es decir, el animal que lo porta, sea verde. Quiero decir, al gen le "preocupa" sólo persistir en el ser, aunque esa persistencia implique que quede sin expresión por generaciones. Llevemos esta idea más lejos: el gen sigue copiándose, y no se expresa nunca. En realidad, ésta es la manera más económica de persistir en el ser, por lo menos la más económica después de las piedras, que no necesitan ni siquiera replicarse. El problema es que, si eso pasara, si el gen no se expresara nunca, ya no sería un gen, y pasaría a integrar la categoría de ADN basura.
El centro de la vida, entonces, está en los genes. Su mayor éxito es persistir. No hacer nada, sólo persistir. Los genes lo hacen de modo rebuscado, armándose un cuerpo, replicándose. Lo hacen porque, si no lo hicieran, la selección natural los habría eliminado. Pero un trozo de ADN basura es más exitoso que los genes que siguen siendo genes. Y una piedra lo es más, porque se está quieta y ya se conserva. Dawkins no es el único que mide el éxito en términos de conservación, pero es el único que lo reduce a la conservación del gen individual. Algunos piensan también que la mejor manera de evitar la extinción de las especies es conservar su identidad genética en un banco de genes. Quizás los genes, entonces, hayan creado al hombre para que los conserve en bancos de genes. Después, los bancos de genes se automatizarán, y los hombres meterán en ellos también sus propios genes ¿No es esta una extraña forma de entender el éxito en el ámbito de lo viviente? ¿No está más bien el éxito en las máquinas moleculares formadas por los genes para su propia persistencia y propagación, máquinas que cambian, que evolucionan y hasta a veces piensan, que modelan el entorno y hacen de la Tierra una entidad casi viviente? Me niego a poner el centro de la vida en el ADN, que es la parte menos cambiante, es decir, menos viva, de lo que llamamos vida.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos Reservados.