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miércoles, 17 de septiembre de 2008

Sobre vestigios y "peor es nada"

Veía a mi hijo de tres meses chuparse el dedo, y pensé que la Teoría de la Evolución de Darwin podría explicar ese acto como "vestigio" de algún mecanismo de autoalimentación que se ha perdido.
La idea de los órganos vestigiales, usada como prueba del evolucionismo, hizo que la escuela médica positivista hiciera de un modo salvaje extracciones de amígdalas y de apéndices como si se tratara de órganos inservibles. Ahora ha cambiado la opinión sobre el tema, y sólo las muelas de juicio parecen un problema para quien niegue la teoría de los vestigios.
Lo contrario del vestigio es el órgano en formación. Se supone que, o bien tiene al principio otro uso que el definitivo, o que funciona mal, pero es mejor mal que nada. Esta es toda una filosofía, contraria al espíritu de los griegos, quienes consideraban parte de la educación el enseñar a ser el mejor ("aristos", de donde viene el término "aristocracia", es decir, el gobierno de los mejores). Es difícil probar, sin embargo, que existan órganos que funcionen a medias, salvo en casos disfuncionales, es decir, en casos de enfermedad, cuando es verdad que el que posee tal órgano puede vivir, pero con una espectativa menor. Un órgano en formación lo es en relación con un órgano terminado, con lo cual nunca puede saberse si algo es un órgano en formación hasta que el órgano en cuestión termine su formación (cuando ya es tarde para hacer predicciones sobre su futuro desarrollo).
Los neodarwinistas aplican el mismo criterio a un nivel metacientífico (o epistemológico): mejor que no tener ninguna explicación es tener una cualquiera, algo que dicen de su propia teoría de la evolución.
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

martes, 5 de agosto de 2008

Biología y teleología

Teniendo en cuenta un comentario que recibimos en el blog, quisiera hacer una aclaración acerca de nuestra postura en torno a lo teleológico.
El filósofo Nicolai Hartmann, un realista que adoptó algunas conclusiones de la fenomenología del primer Husserl (el que amplió la idea de objeto más allá de las restricciones positivistas que lo limitaban a fenómeno sensorial), admitía que la idea de vida es inseparable de la categoría de teleología. No podemos dejar de comprender a los seres vivientes como orientados a fines, algo que resulta innecesario en el ámbito de los hechos físico-químicos.
Como era realista, Hartmann no interpretaba esa necesidad como una condición de posibilidad del conocimiento biológico, como lo hacemos nosotros, pues para él las categorías eran cualidades reales de los objetos y no, como para Kant, maneras de entenderlos. Pero siguiendo los resultados de la ciencia de entreguerras, sostuvo la necesidad de demostrar que es concebible que esta categoría emerja a partir de relaciones de tipo puramente mecánico, es decir, en las que el efecto no precede a la causa, como ocurre en los procesos que muestran tendencias a fines.
Él veía en la teoría de la evolución de Darwin la explicación del modo en que dos procesos mecánicos y ciegos que avanzan en líneas independientes, las pequeñas variaciones de las especies por un lado, las condiciones del entorno por el otro, sólo permitían la supervivencia y reproducción de aquellos seres vivientes que casualmente poseyeran las características que mejor se adaptaran al medio, funcionando de un modo que pareciera destinado adrede a alcanzar el fin de la continuación en la existencia de la especie a la cual esos seres pertenecen.
Después de Kuhn y Lakatos sería muy ingenuo seguir sosteniendo el realismo de Hartmann, y en consecuencia no tiene sentido pretender ver surgir procesos teleológicos a partir de procesos mecánicos. Mecanicismo y teleología son dos categorías que enfocan aspectos diferentes de una misma realidad que se nos escapa. No es el mismo objeto el que estudia un darwinista que el que estudia un partidario del Diseño Inteligente, por más que en última instancia ambos se refieren a las mismas "cosas".
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.