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viernes, 16 de mayo de 2008

Transgenicidad natural: el caso del ornitorrinco

Hay un libro de Umberto Eco, Kant y el ornitorrinco, que se pregunta por los casos límite, aquellos que se ubican en la frontera entre categorías aparentemente excluyentes.
Estudios genéticos han probado que los ornitorrincos son seres transgénicos naturales. Es decir, comparten parte de su genoma con los reptiles, parte con los mamíferos, y parte con las aves. Eso los pone en el vértice de una triple frontera. Esta nueva evidencia, además de ir en contra de los árboles filogenéticos, funciona como un nuevo contraejemplo para la idea de la evolución como selección de pequeñas variaciones, y fortalece la tesis de Máximo Sandín acerca de los genomas como especie de "juegos lego" que generan múltiples combinaciones viables.
Sumado al descubrimiento de los plásmidos y de las "islas genómicas", el ejemplo del ornitorrinco da nueva evidencia para sostener una teoría saltacionista de la evolución, en un sentido distinto al del saltacionismo tradicional. La transferencia horizontal de genes, determinada por algún vector que bien podría ser de origen viral, nos habla de módulos funcionales que se pueden transferir de una especie a otra generando nuevas variedades, en una notable revitalización de la teoría de Empédocles, quien pensaba que las especies actuales son combinaciones viables dentro de mezclas al azar entre las que encontramos a las mitológicas sirenas y a los centauros. Después de todo, el ornitorrinco no deja de ser algo así como una criatura mitológica real.
No se trata del único caso aparentemente confirmado. Bien podría ser que los dinosaurios emplumados, o el mismo archeopterix, tomado por Darwin como una evidencia a favor de la existencia de eslabones intermedios, deban reinterpretarse a la luz de la idea de "evolución modular". Lo mismo podemos decir de la existencia de partes del genoma de neandertal en el homo sapiens actual, que ha llevado a los evolucionistas a la convicción de que hubo alguna cruza sexual entre ambas especies.
La transgenicidad es una combinatoria funcional entre genomas de especies distintas, y es mucho más probable como mecanismo evolutivo natural, en virtud de su realización práctica en el laboratorio, que las pequeñas variaciones sostenidas por una selección natural que se mantuviera unidireccional durante millones de años, algo de muy escasa probabilidad.
El hecho de que el hombre de Piltdown, famoso fraude científico, había sido construido con partes de cráneo de hombre y de gorila, de haber sido real, hubiera encajado mejor en una explicación modular de la evolución que en una gradualista, nos obliga a reflexionar sobre el verdadero peso de las pruebas empíricas en esa argamasa formada por hechos, generalizaciones, fantasías e iusiones que constituyen lo que llamamos una "teoría científica".
Copyright Daniel Omar Stchigel. Derechos reservados.

domingo, 4 de mayo de 2008

Transgenicidad, ¿una creación humana?

Quiero aclarar algunos puntos acerca de los organismos transgénicos, tema que ha tocado tangencialmente Daniel en el artículo en el que ironiza acerca de las consecuencias que tiene en nuestro país, Argentina, el patentamiento (como si fueran obras artísticas) de las variedades transgénicas de la soja.
La gente común, que poco o nada sabe de estas lides, vé a los organismos transgénicos como construcciones artificiales, seres con propiedades sobrenaturales fabricados en laboratorios para desbancar a la larga a los pobres seres vivos naturales. La atribución de este carácter alejado de lo natural a “los transgénicos” deriva de ignorar en qué consiste realmente la transgenicidad.
Si, mediante técnicas de ADN recombinante se introduce de forma permanente un gen de otra especie en el genoma de una célula, la célula se cultiva in vitro de manera que se multiplique y el gen logra expresarse correctamente, se tendrá una línea celular “recombinante”, o sea un clon de células modificadas pero idénticas entre sí que producirán una proteína nueva, extraña para ellas. Si la célula alterada in vitro resulta ser un ovocito animal fecundado (un cigoto), se implanta en el útero de una hembra de esa especie y prospera, entonces nacerá un animal transgénico, perfectamente normal en todas sus características excepto que portador de un gen de una especie extraña en todas sus células, ya que todas derivan del cigoto inicial. Si se logra que ese gen ajeno se exprese en el tejido correcto, la manipulación genética habrá logrado otorgarle al animal alguna propiedad artificial, aunque siempre puntual. Si bien oímos hablar de ganado transgénico que en su leche secreta alguna proteína humana con aplicación terapéutica, estamos más familiarizados con los cultivos transgénicos. Las plantas transgénicas adquieren resistencia a un herbicida, a un insecticida o mayor tolerancia a situaciones de estrés. Es simplemente eso. Bueno, tal vez no corresponda hablar aquí de “simpleza”, pero por cierto también es exagerado hablar de criaturas artificiales “armadas” por ingeniería genética.
No niego los grandes desequilibrios ecológicos que pueden causar al competir “deslealmente” (gracias a sus propiedades de especial resistencia) con las variedades no mejoradas. Pero los “transgénicos” están hechos de las mismas biomoléculas, agua y minerales que nosotros. Al comerlos lo único que puede afectarnos es que estén rociados con sustancias químicas tóxicas que a ellos no los afectaron y que a nosotros sí lo harán. No les tengamos tanta aprensión. No son más que la forma tecnológicamente moderna de los cultivos y ganado otrora seleccionados por cruzas dirigidas.
Sr lector: ¿cambia esto que ha leído su idea previa acerca de los transgénicos? Opine, opine.
Copyright Mirta E. Grimaldi. Derechos reservados.