domingo, 4 de mayo de 2008

Transgenicidad, ¿una creación humana?

Quiero aclarar algunos puntos acerca de los organismos transgénicos, tema que ha tocado tangencialmente Daniel en el artículo en el que ironiza acerca de las consecuencias que tiene en nuestro país, Argentina, el patentamiento (como si fueran obras artísticas) de las variedades transgénicas de la soja.
La gente común, que poco o nada sabe de estas lides, vé a los organismos transgénicos como construcciones artificiales, seres con propiedades sobrenaturales fabricados en laboratorios para desbancar a la larga a los pobres seres vivos naturales. La atribución de este carácter alejado de lo natural a “los transgénicos” deriva de ignorar en qué consiste realmente la transgenicidad.
Si, mediante técnicas de ADN recombinante se introduce de forma permanente un gen de otra especie en el genoma de una célula, la célula se cultiva in vitro de manera que se multiplique y el gen logra expresarse correctamente, se tendrá una línea celular “recombinante”, o sea un clon de células modificadas pero idénticas entre sí que producirán una proteína nueva, extraña para ellas. Si la célula alterada in vitro resulta ser un ovocito animal fecundado (un cigoto), se implanta en el útero de una hembra de esa especie y prospera, entonces nacerá un animal transgénico, perfectamente normal en todas sus características excepto que portador de un gen de una especie extraña en todas sus células, ya que todas derivan del cigoto inicial. Si se logra que ese gen ajeno se exprese en el tejido correcto, la manipulación genética habrá logrado otorgarle al animal alguna propiedad artificial, aunque siempre puntual. Si bien oímos hablar de ganado transgénico que en su leche secreta alguna proteína humana con aplicación terapéutica, estamos más familiarizados con los cultivos transgénicos. Las plantas transgénicas adquieren resistencia a un herbicida, a un insecticida o mayor tolerancia a situaciones de estrés. Es simplemente eso. Bueno, tal vez no corresponda hablar aquí de “simpleza”, pero por cierto también es exagerado hablar de criaturas artificiales “armadas” por ingeniería genética.
No niego los grandes desequilibrios ecológicos que pueden causar al competir “deslealmente” (gracias a sus propiedades de especial resistencia) con las variedades no mejoradas. Pero los “transgénicos” están hechos de las mismas biomoléculas, agua y minerales que nosotros. Al comerlos lo único que puede afectarnos es que estén rociados con sustancias químicas tóxicas que a ellos no los afectaron y que a nosotros sí lo harán. No les tengamos tanta aprensión. No son más que la forma tecnológicamente moderna de los cultivos y ganado otrora seleccionados por cruzas dirigidas.
Sr lector: ¿cambia esto que ha leído su idea previa acerca de los transgénicos? Opine, opine.
Copyright Mirta E. Grimaldi. Derechos reservados.

3 comentarios:

Ligeia dijo...

Totalmente de acuerdo. Los transgénicos no son más que especies en las cuáles se han introducido genes de otras especies. Pero vayamos a pensar que esto es algo nuevo, es sólo relativamente nuevo puesto que sin ir más lejos el trigo es un transgénico, pero que no ha sido alumbrado bajo la luz de la ingenieria genética sino de cruzamientos durante toda su historia evolutiva (es un alopoliploide, es decir que posee varios juegos completos de cromosomas de diferentes especies: Un transgénico a los bestia...).
El problema de los transgénicos es a nivel de cuándo se consumen, pues hay casos, en los que pueden poseer elementos genéticos móviles que pueden insertarse en el genoma del consumidor, pero esto es poco frecuente.

DOS, MEG dijo...

Ligeia:
Veo que está muy bien informado (o informada). Son bienvenidas sus precisiones sobre este tema, que es complejo y polémico.
Saludos.
Mirta

Ligeia dijo...

Informada, soy bióloga y tengo que añadir que me parece muy interesante vuestro blog ^^