domingo, 6 de julio de 2008

Mentiras biomédicas en la publicidad

Que la publicidad muchas veces falta a la verdad en pos de exagerar los beneficios de un producto y entusiasmar al público para que lo compre ya mismo es algo que no podría negar ni siquiera nuestro amigo publicista Norberto Alvarez Debans, quien ya ha contribuido a nuestro blog con un lúcido artículo.
Aquí le advertiré, lector, acerca de algunas mentiras que se refieren al campo biomédico y que cunden en publicidades de productos para adelgazar, cosméticos y yogures con probióticos.
Se nos asegura que las almohadillas térmicas o los aparatos masajeadores sirven para adelgazar, cuando lo único que a lo sumo pueden hacer es hacernos transpirar, produciendo cierto grado de deshidratación, pérdida de agua que se traduce en un descenso de peso rápido aunque momentáneo.
Más grave aún es cuando intentan convencernos de que una pastilla efervescente disuelta en agua e ingerida por boca, o una crema untada sobre el abdomen, "disuelven la grasa" o "absorben las células grasas" ¡Vaya milagro! Extraer sin ningún tipo de procedimiento invasivo las células de un tejido que tiene (como cualquier otro, dicho sea de paso) una estructura cohesiva y bien organizada, donde cada célula y cada molécula de la matriz extracelular están apropiadamente unidas unas a otras; tejido que, además, se encuentra muy por debajo de la piel y los tejidos conjuntivos.
Las firmas de cosméticos, mal que nos pese a nosotras las mujeres, siempre cautivadas por sus productos, también nos mienten. En primer lugar, no hay forma de que enormes proteínas fibrosas como el colágeno o la elastina depositadas sobre la superficie de la piel puedan atravesar sus capas queratinizadas y luego las capas celulares de la epidermis y lleguen a integrarse establemente en la matriz extracelular. Aún si tal viaje fuera posible por misteriosos pasajes intercelulares, ¿quién nos asegura que las proteínas exógenas sean aceptadas como propias, sin ser, sin más, degradadas por enzimas extracelulares?
En cuanto a los champúes y cremas de enjuague, el único efecto comprobable sobre el cabello es el higienizante, ejercido por los detergentes que son su principal componente. Los diferentes aditivos (ceramidas, "aminos", etc.) justifican, simplemente la existencia de decenas de variantes ilusorias (para cabello dañado, teñido, rubio, graso, seco...) del producto.
Nos quieren vender yogures con bacterias fermentadoras (obviando, por supuesto la fea palabra "bacterias", reemplazándola por "fermento") para que todos los días reforcemos nuestras "defensas naturales". Como ellos mismos admiten en su consejo, la colonización del intestino por bacterias fermentadoras inocuas es un mecanismo de defensa innata completamente natural que muy rara vez falla, por lo cual, en condiciones normales es completamente innecesario ingerir más bacterias con ese fin. Ya tenemos las suficientes y -mejor todavía-nuestros simbiontes naturales pertenecen a muchas especies distintas, brindando un mayor equilibrio que si los reemplazamos por el fermento de una sola especie que nos provee el yogur.
Por último le advierto, lector, que desconfíe de cifras y estadísticas supuestamente científicas que se presentan en publicidad.
¿Qué significa que un producto lácteo sea "cero por ciento"?, ¿"cero por ciento" de qué? ¿de grasas? ¿de calorías? ¿de cuáles grasas? ¿"cero por ciento" respecto a qué total? ¿Qué significa que un polvo de lavar la ropa sea 50% más efectivo que otro de otra marca?, ¿cómo se mide la efectividad?, ¿en qué ensayo?
Nadie lo sabe. Y, lo peor, a nadie le importa. Lo importante es tener y consumir todo lo nuevo que la propaganda muestra. ¿Conoce usted algún otro engaño publicitario biomédico? ¡Entonces avise!
Copyright Mirta E. Grimaldi. Derechos reservados.